martes, 29 de enero de 2013

Los bustos romanos de la Glorieta de Haití.



Doce bustos de personajes romanos forman parte de la colección de elementos decorativos de la glorieta de Haití, una glorieta inserta dentro del entramado de caminos del Jardín de las Delicias. Están reunidos en dos grupos de seis, uno a la izquierda del camino y otros a la derecha. En conjuntos de dos están unidos por un banco para el descanso de los visitantes. Los mostraremos en dos partes, los seis primeros serán los del semicírculo de la izquierda según se entra en la glorieta y los seis restantes serán los de la derecha.


Unos se conservan en buen estado, otros han perdido la cabeza, pero tan interesante como su punto de vista artístico es su historia de la que, brevemente, pasamos a resumirle.


Cuando el arzobispo de Sevilla, Don Francisco de Solís Folch de Cardona, mandó la reconstrucción total del Palacio Arzobispal de Umbrete y la replantación de los hermoso jardines tras el incendio de 1762, para su adorno mandó traer bustos, esculturas y fuentes de Italia, algunas de ellas realizadas con mármoles de Carrara, gastando en total la extraordinaria suma de millón y medio de reales.

Por casi ochenta años, los jardines del palacio umbreteño disfrutaron de estas estatuas, bustos y pedestales. Desde esta fecha hasta la de 1844 en que “desaparecen”, los jardines del Palacio Arzobispal contaban con la fuente llamada de Baco, 24 esculturas de tema mitológico, 33 bustos al estilo grecorromano, todo ello de mármol, y 36 pedestales de piedra labrada.

Todos fueron trasladados a Sevilla de una forma semiclandestina pues no hay datos de cómo se realizó el traslado ni de autorización alguna para ello, despojando al pueblo de Umbrete de tamaño valor artístico. 

En cuanto a los bustos, del conjunto de 33 que se citan en la descripción original de los jardines, sólo se conservan en Sevilla 21 de ellos, aunque cuatro se encuentran completamente destrozados.

Miden entre sesenta centímetros y noventa y seis y están esculpidos en mármol blanco de Carrara, traído de Italia, como decíamos al principio. 





En el Museo de Bellas Artes se guardan dos ejemplares que difieren del resto por su superior calidad y por su tamaño, que es algo menor (0,42 m). 

La “Cabeza de Alejandro” es una excelente interpretación neoclásica de las versiones grecorromanas que representan al héroe helénico, destacando la talla del cabello rizado y el bellísimo escorzo de la cabeza respecto al cuerpo. 

Por su parte, la “Cabeza báquica” constituye una representación totalmente idealizada de este tema mitológico, con la cabeza inclinada y sobre ella las características hojas de parra, apareciendo también ecos de las esculturas de atletas griegos en la cinta que recoge su larga cabellera. 

El resto, entre los que se encuentran los bustos de la glorieta de Haití, son anónimos retratos femeninos y masculinos que, aunque representados “a lo romano”, las actitudes y en muchos casos los peinados delatan su factura barroca.

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