miércoles, 26 de febrero de 2014

El retablo de Nuestra Señora de la Luz.



Sobre la fachada lateral de una vivienda particular (cuya puerta principal da a la Calle San Esteban), en la calle Virgen de la Luz podemos ver este retablo cerámico dedicado a Nuestra Señora de la Luz
El retablo es obra de Antonio Kiernam Flores en la década de los cincuenta del pasado siglo. Está rodeado de un marco por ladrillos vistos y acompañada de una pequeña linterna de hierro forjado.


Este retablo se colocó sobre el rótulo de la entonces llamada calle Luz.
En Cabildo de 14 de Octubre de 1972, a propuesta de don Juan Aguilar Vera, se aprobó solicitar del Excmo. Ayuntamiento que completara el nomenclator callejero ampliando la denominación de la calle a Virgen de la Luz, pues en realidad se debía al arrai­go de dicha advocación mariana en el barrio, accediendo éste el 21 de Noviembre de 1972 por acuerdo Comisión Municipal permanen­te, instando al cambio "con letras especiales a la mayor breve­dad posible". 
En marzo de 1973 el Rvdo. don Manuel Vázquez Váz­quez, hermano de la corporación, bendijo el nuevo rótulo que da nombre a la calle Virgen de la Luz, con asistencia del director espiritual don José Robles Gómez, Junta de Gobierno presidida por don Juan Aguilar Vera y vecinos de la collación de San Esteban (Boletín de las Cofradías de Sevilla 163, Abril 1973).

martes, 25 de febrero de 2014

Un paseo por el Guadalquivir.



El tiempo primaveral ya se va notando en Sevilla. El calorcito aprieta a la hora del mediodía y no debe perderse la costumbre de tomar la cervecita y la tapa en alguno de los miles de veladores que decoran nuestras calles.
También es el momento de atreverse con paseos tan agradables como los que ofrece el Guadalquivir, a los que además de ver la ciudad desde otro punto de vista, te permite tomar el sol al son de las suaves olas de la marea ribereña.

lunes, 24 de febrero de 2014

La Casa del Rey Moro.



En la Calle Sol tenemos uno de los vestigios más importantes de la construcción de viviendas de finales del siglo XV y principios del XVI. Nos estamos refiriendo a la llamada Casa del Rey Moro, hactualmente sede de la Fundación Blas Infante.
La Casa cuenta actualmente con dos fachadas: la principal que da a la calle Sol y otra, en su lateral izquierdo, que permitía el acceso, en época histórica, a la huerta de la vivienda y que actualmente es una pequeña calle sin salida.
La fachada, de ladrillo visto encalado y sin decoración, tiene dos puertas: Una moderna que da acceso a un ala dedicada a sala de exposiciones y la original del edificio.
En la planta primera destacan un balcón, un pequeño vano y una cornisa de escaso vuelo que se desarrolla por toda la fachada y sostiene las tejas de las cubiertas hasta llegar al mirador, de factura reciente.

domingo, 23 de febrero de 2014

El Puerto camaronero de Triana.



Esta placa se encuentra en la calle Betis nº 68, mirando hacia el río Guadalquivir, lugar donde se encontraba tan popular puerto. Esta calle, que se extiende por unos 600 metros aproximadamente, desde la Plaza del Altozano hasta la Plaza de Cuba en el Barrio de los Remedios, fue una calle eminentemente marinera, conservando aún una arquitectura popular doméstica, que remite a esta circunstancia.
Este azulejo fue colocado por el Distrito Triana en el año 2007 en uno de los lugares más emblemáticos del barrio para dejar constancia de su pasado. Su instalación debe entenderse dentro de una campaña emprendida desde la Administración Pública en la década de 1990, con el fin de perpetuar el nacimiento de personajes ilustres de Triana o los principales acontecimientos históricos del barrio.


Placa de azulejos compuesta por veinticuatro piezas pintadas a mano, donde figura en la parte central una representación paisajística del antiguo puerto camaronero de Triana y una leyenda alusiva al mismo. Todo se enmarca con decoración vegetal. La leyenda dice lo siguiente: "Enfrente de este lugar estuvo el Puerto
Camaronero, lugar emblemático de Triana y residencia de las gentes dedicadas a la pesca. Distrito de Triana 2007".

sábado, 22 de febrero de 2014

La Plaza Marcelino Champagnat.



Entre los barrios de Triana y Los Remedios se encuentra la plaza que lleva el nombre de Marcelino Champanat, el fundador de la Sociedad de María y cuyo azulejo podemos ver en la fachada del Colegio Maristas San Fernando, frente a la plaza que lleva su nombre.
Pero ¿Quién fue Marcelino Champagnat? Veámoslo brevemente.

Nació en 1789 en Marlhes, un pueblo de las montañas del este de Francia en el momento en que estalla la Revolución Francesa. Es el noveno hijo de una familia profundamente cristiana. Su educación es eminentemente familiar. Su madre y una tía suya exclaustrada, despiertan en él una fe sólida y una profunda devoción a María. Su padre, agricultor y comerciante, poseía una instrucción superior a la normal por aquellos pueblos, está abierto a las nuevas ideas y desempeña un papel político importante en su ayuntamiento y en toda la región.

Cuando Marcelino tiene 14 años, un sacerdote de paso por su casa, le hace descubrir que Dios le llama al sacerdocio. Marcelino, cuya escolaridad había sido muy deficiente, se pone a estudiar con todo ardor "porque Dios lo quiere". Los años difíciles de su estancia en el seminario menor de Verriéres (1805-1813) son para él una etapa de extraordinario crecimiento humano y espiritual.
En el seminario mayor de Lyon tiene por compañeros, entre otros, a Juan María Vianney, futuro Cura de Ars, y a Juan Claudio Colin, que más tarde será el fundador de los Padres Maristas.


Forma con otros seminaristas un grupo cuyo proyecto es fundar una congregación que comprendiera sacerdotes, religiosas y una orden tercera, que llevaría el nombre de María, la "Sociedad de María", cuya finalidad sería recristianizar la sociedad civil. Conmovido por la miseria cultural y espiritual de los niños de los pueblos, Marcelino siente la urgencia de crear dentro del grupo una congregación de Hermanos que dedicaran a la educación cristiana de la juventud. Decía con frecuencia: "No puedo ver a un niño sin sentir el deseo de decirle cuanto le ama Jesucristo".

Al día siguiente de su ordenación sacerdotal (22 de julio de 1816) este grupo de sacerdotes jóvenes van a consagrarse a María y a poner su proyecto bajo su maternal protección en el santuario de Ntra. Sra. de Fourviére. Luego Marcelino es nombrado coadjutor de una parroquia rural, La Valla. La visita a los enfermos, la catequesis de los niños, la atención a los pobres y el fomento de la vida cristiana en las familias son las actividades esenciales de su ministerio. Su predicación, sencilla y directa, su profunda devoción a María y su ardiente celo apostólico marcan profundamente a sus feligreses. Queda dolorosamente conmovido al encontrar a un joven de 17 años que está a punto de morir y que no conoce nada de Dios. Este hecho le mueve a poner en práctica su idea de fundar un grupo de maestros dedicados a la instrucción cristiana de los niños del campo.

Y el 2 de enero de 1817, sólo seis meses después de llegar a la parroquia de La Valla, el joven coadjutor Marcelino, de 27 años de edad, reúne a sus dos primeros discípulos: Acaba de nacer, en medio de la mayor pobreza, humildad y confianza en Dios, la congregación de los Hermanitos de María o Hermanos Maristas, bajo la protección de la Santísima Virgen. Al mismo tiempo que atiende a sus deberes de coadjutor de la parroquia, forma a sus Hermanos, preparándoles para su misión de maestros cristianos, de catequistas y de educadores de los jóvenes, y se va a vivir con ellos. 

En seguida empieza a abrir escuelas, y pronto la casita de La Valla, ampliada con el trabajo de sus propias manos, se queda pequeña. Las dificultades son enormes. Algunos sacerdotes no comprenden el proyecto de este humilde coadjutor sin experiencia y sin dinero. Sin embargo los ayuntamientos no dejan de pedir que les envíe Hermanos para que trabajen en la instrucción y educación cristianas de los niños de sus municipios.
Marcelino y sus Hermanos participan en la construcción de una nueva casa capaz de acoger a más de cien personas, a la que da el nombre de Ntra. Sra. del Hermitage. En 1825, liberado de su cargo de coadjutor de la parroquia, se dedica por completo a su congregación, atendiendo especialmente a la formación y acompañamiento espiritual, pedagógico y apostólico de sus Hermanos, a la visita a las escuelas y a la fundación de nuevas obras.

En 1836, la Iglesia reconoce la Sociedad de María y le confía la misión de Oceanía. Marcelino pronuncia los votos como miembro de la nueva Sociedad y envía a tres de su Hermanos con los primeros misioneros Padres Maristas a las islas del Pacífico. "Ninguna de las diócesis del mundo está excluida de nuestros planes", escribe a un obispo.
La enfermedad logra vencer su robusta constitución. Agotado por el trabajo, muere a la edad de 51 años el 6 de junio de 1840.

viernes, 21 de febrero de 2014

La casa del último Presidente de la IIª República.



En el centro de Sevilla, en la Calle Lirio, (anteriormente, en los hechos que hoy relatamos llamada Calle de Roque Barcia) nos encontramos con una placa de mármol donde se nos recuerda la casa natal de uno de los políticos más importantes que ha dado nuestra ciudad, Don Diego Martínez Barrios, el último Presidente de la II República española en el exilio, además de Haber sido Presidente de la Re´publica interino, Presidente del Consejo de Ministros, Presidente del Congreso de los Diputados, Ministro de Comunicaciones, Ministro de Gobernación, Ministro de guerra y Diputado en las Cortes Generales de España. Un largo currícullum que vamos a resumir empezando por el principio.
Diego Martínez Barrios nació en Sevilla y era de origen humilde, trabajó como panadero, como tipógrafo y en el bufete de un procurador. Propietario de una imprenta, imprimió el semanario republicano "El Pueblo".
Inició su carrera política en 1903, año en que se afilió a la Unión Republicana, cuyo dirigente era el cordobés Alejandro Lerroux. Cuando esta formación política se rompió en 1907, la amistad que tenía con Lerroux y la innegable fascinación que sobre él ejercía le llevaron a colaborar en la formación del Partido Radical. 
Durante la Dictadura del General Primo de Rivera colaboró con todas las intentonas de la oposición.
Firmó el manifiesto del comité republicano de 1930 y se vio implicado en los sucesos que llevaron a la Sublevación de Jaca por parte de los capitanes Galán y García Hernández, lo que lo llevó a huir por un tiempo al extranjero. Trabajó por el advenimiento de la República, para lo que representó a los republicanos de Andalucía en el Comité Revolucionario que se reunió en San Sebastián bajo la presidencia de Alcalá Zamora.
Proclamada la República, se hizo cargo en el Gobierno Provisional de la cartera de Comunicaciones. Con Lerroux de presidente del Consejo de Ministros, fue ministro de la Gobernación y, en 1933, se hizo cargo de la presidencia del Consejo de Ministros. Desde esa posición, preparó las elecciones de noviembre de 1933, en las que triunfó el centro y la derecha. Por un tiempo breve (desde diciembre de 1933), fue ministro de la Guerra, pues en enero de 1934 volvía a la cartera de Gobernación.
Su actitud crítica respecto de los gobiernos radicales acabó por alejarlo del partido junto a un grupo de trece diputados; con ellos, y con militantes del Partido Radical Socialista, fundó la Unión Republicana. Disueltas las cortes tras la fallida Revolución de Asturias, se coaligó con la Izquierda Republicana de Manuel Azaña y los partidos marxistas para formar el Frente Popular.



Tras las elecciones de febrero de 1936, el triunfo del Frente Popular le llevó a la Presidencia de las Cortes; por otra parte, a la destitución de Alcalá Zamora, ocupó de forma interina la Presidencia de la República (desde el 7 de abril al 10 de mayo). 
Al producirse la sublevación del 18 de julio, pretendió llegar a un pacto con el General Mola, a quien correspondería un ministerio en el nuevo gobierno; sin embargo, su intento fracasó, aunque logró que la Región Militar de Valencia permaneciese leal a la República.
Durante la Guerra Civil fue uno de los consejeros de Azaña y presidió en varias ocasiones las cortes de la República; aparte, fue un destacado francmasón, que tuvo rango de Gran Oriente de España.
Finalizada la guerra, se refugió en Francia para pasar más tarde a México y, al final, volver a Francia, donde sucedió a Manuel Azaña como presidente de la República Española en Exilio. En este país, concretamente en París, vivió humildemente hasta su muerte, acaecida al inicio de 1962.
Treinta y ocho años después de su muerte, los restos mortales de Martínez Barrios fueron inhumados en el cementerio de San Fernando en Sevilla, la ciudad donde nació y en la que había pedido ser enterrado junto a su primera y segunda esposa. 
La llegada del féretro estuvo arropada por miles de simpatizantes que quisieron rendir homenaje al último presidente de la Segunda República, además de personalidades políticas e intelectuales del país.

jueves, 13 de febrero de 2014

El corralón del nº 8 del Pasaje Mallol.



A lo largo de la calle que lleva el nombre de Pasaje Mallol podemos ver edificios convertidos en grandes salas dedicadas al ocio, al teatro, a la magia, a la música y a la manufacturación de artesanías, entre otras muchas actividades más dispersas.


Uno de los lugares míticos de esta calle es el número 8 de la misma, convertido en un callejón que termina en corralón donde multitud  de pequeños talleres se han convertido en salas de reunión, de formación, de entretenimiento o de reflexión.
Sin insistir mucho en los detalles más privados, hoy podemos ver algunos detalles de la decoración del ámbito público del corralón, algo de lo más surrealista y onírico.


















viernes, 7 de febrero de 2014

La exposición de Henry Moore (1).



La muestra, Henry Moore, reúne en la plaza del Triunfo, en el espacio en el que confluyen los tres monumentos sevillanos declarados Patrimonio Mundial por la Unesco: Catedral, Alcázar y Archivo de Indias, siete bronces realizados en la cúspide de su carrera, entre 1960 y 1982.
Las esculturas, que juntas pesan casi 11 toneladas, forman parte del gran legado que Moore dejó a su fundación para acercar el arte contemporáneo al público. La fundación tiene un millar de esculturas, con piezas de todos los tamaños y entre las que se encuentran 50 esculturas monumentales como las siete que pueden verse aquí.


Óvalo con puntos (1968-1970), una armónica figura abstracta de 2.700 kilogramos de peso, y Pieza de bloqueo, una obra de casi tres metros de altura y 3.000 kilos, son las más imponentes y las que usan un lenguaje más abstracto de cuantas pueden verse en Sevilla. Junto a ellas se muestran sus famosas figuras reclinadas, y una de sus conocidas maternidades: Madre e hijo reclinados (1975-1976), un buen ejemplo de cómo el bronce puede congelar los sentimientos.
La exposición, organizada por la Obra Social La Caixa, la Fundación Cajasol y el Ayuntamiento de Sevilla, es la primera vez que puede verse en la península.


Henry Moore (1898-1986) es uno de los grandes maestros de la escultura moderna y, en las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, alcanzó fama mundial por los bronces monumentales expuestos en espacios exteriores. 
La muestra que pasará por Sevilla pretende aproximar el arte a las personas fuera del marco habitual de museos y salas de exposiciones. Para ello, reúne siete esculturas seleccionadas por Anita Feldman, jefa de Colecciones y exposiciones de la Fundación Henry Moore, la entidad que vela por la conservación y la divulgación del legado del artista.


jueves, 6 de febrero de 2014

La Iglesia de San Ildefonso (22): las Pilas de agua bendita.



Dos son las originales pilas de agua bendita que podemos ver en San Ildefonso. Aunque ambas representan la concha de una gran almeja, la pila de la derecha está mucho mejor terminada que la de la izquierda y conserva muchos de los detalles originales de esta obra de la talla de la piedra de mármol.







miércoles, 5 de febrero de 2014

La Iglesia de San Ildefonso (21): la Capilla Bautismal.



A los pies de la iglesia y apostada en la nave de la Epístola nos encontramos con la Capilla Bautismal, un recinto cerrado por una verja metálica que guarda una pila bautismal de mármol blanco en el centro de la estancia y está presidida por el retablo neoclásico de Las dos Trinidades, un relieve realizado por Martínez Montañés que le da nombre al retablo.
En la parte superior aparece dios, la Virgen, San José y el Niño Jesús.


En el muro lateral aparece una hornacina con el grupo escultórico de la Santísima Trinidad.

martes, 4 de febrero de 2014

La Iglesia de San Ildefonso (20): el Retablo de la imposición de la casulla a San Ildefonso.



El retablo de la imposición de la casulla a San Ildefonso, como el de la Virgen del Coral, está realizado en mármol rojizo y con un estilo marcadamente neoclásico. Fue realizado en el siglo XVIII y representa a San Ildefonso recibiendo la casulla de manos de la Virgen María, una imagen que está inspirada en la leyenda del milagro del 18 de diciembre del año 665.


Por las muchas versiones latinas que existen de esta leyenda, cabe decir que, en la mayoría de ellas, la Virgen se aparece dos veces: en la primera aparición trae en la mano el libro que le había compuesto el santo arzobispo y es cuestión de agradecerle la defensa que ha hecho contra los herejes que han atacado la virginidad de la Madre de Dios.
En la segunda la Virgen gloriosa está sentada en la cátedra episcopal. Esta vez le entrega la casulla paradisiaca, regalo de su Hijo. Aquí se hace la doble prohibición: que nadie se siente en la silla (por haber
reposado en ella el cuerpo celestial de la Madre de Dios), y que nadie vista la casulla celestial, a menos que en ambos casos sea San Ildefonso.

lunes, 3 de febrero de 2014

La Iglesia de San Ildefonso (19): el Retablo de San José



Como decíamos antes, el altar de San José es de mármol rojo combinado con retazos en negro y blanco. En el ático podemos ver la imagen de la sagrada Familia.

domingo, 2 de febrero de 2014

La Iglesia de San Ildefonso (18): el Altar de Santa María Magdalena.



Actualmente la imagen de Santa María Magdalena está situada sobre un humilde banco y la pared tras ella aparece totalmente desnuda, sin embarga, esto no siempre ha sido así como podemos ver en la foto de abajo donde la imagen santa se encontraba en el retablo marmóreo que hoy ocupa San José.


sábado, 1 de febrero de 2014

La Iglesia de San Ildefonso (17): el Retablo de Nuestra Señora de la Soledad en la Esperanza.



Entre el retablo de la visión de San Cayetano y el de la imposición de la casulla a San Ildefonso se encuentra el dedicado a Nuestra Señora de la Soledad en su Esperanza, un retablo neoclásico que contiene la imagen de la Virgen que Juan de Astorga talló en 1843.


En el banco del retablo hay una pequeña hornacina con la imagen del Niño Jesús. En el ático hay una imagen de un santo que no he podido identificar.