lunes, 1 de octubre de 2012

La historia de las estatuas del Jardín de las Delicias.



Durante estas últimas semanas hemos ido repasando algunos de los enclaves y de las estatuas que podemos ver en el Jardín de las Delicias.
Pero detrás de los elementos artísticos del jardín hay una historia, una historia que comienza en Umbrete.
Cuando el arzobispo de Sevilla, don Francisco de Solís Folch de Cardona, mandó la reconstrucción total del palacio y la replantación de los hermoso jardines tras el incendio de 1762, para su adorno mandó traer bustos, esculturas y fuentes de Italia, algunas de ellas realizadas con mármoles de Carrara, gastando en total la extraordinaria suma de millón y medio de reales.

Desde esta fecha hasta la de 1844 en que “desaparecen”, los jardines del palacio arzobispal contaban con la fuente llamada de Baco, 24 esculturas de tema mitológico, 33 bustos al estilo grecorromano, todo ello de mármol, y 36 pedestales de piedra labrada.
Hacia el año 1841, el Ayuntamiento de Umbrete, apoyándose en una ley publicada ese mismo año por la cual le expropiaba al clero secular de sus bienes, incauta el palacio y jardines.
Durante unos años estos jardines, es posible que fueran del disfrute de todo el pueblo, hasta que en el año 1844 se trasladan a Sevilla todas sus fuentes y estatuas, para embellecer las plazas y jardines sevillanos.
Una vez en Sevilla se colocaron en la Plaza del Museo, y en este lugar permanecieron estas estatuas y fuentes hasta el año 1864 en que fueron trasladadas al jardín de las Delicias, que mandara construir el asistente D. José Manuel de Arjona.
Lo que queda en la actualidad, es lo siguiente, todo ello en Sevilla: en los Jardines de las Delicias está la fuente de Baco, 24 pedestales, y tres esculturas; en los almacenes del Museo de Bellas Artes, sin exponer, hay dos bustos, los mejores de todos; en los Viveros Municipales de la calle San José de Calasanz (Los Remedios) hay 9 bustos completos o semicompletos, un busto sin pedestal, dos bustos sin cabeza, y varios fragmentos de bustos y esculturas; finalmente, en el edificio principal del Ayuntamiento, se conserva en muy buen estado otros cinco bustos, que hacia 1849 fueron comprados por los duques de Montpensier para el Palacio de San Telmo, y a su muerte pasaron al Ayuntamiento, donde hoy están colocados en la escalera noble y en los accesos al salón Colón.

El mejor elemento del conjunto es sin duda la fuente, que aunque antiguamente fue llamada de Baco, su figura escultórica central debe corresponder a una representación infantil de Neptuno. Se trata de una pieza de magnífica ejecución y en buen estado de conservación y consiste en una pila octogonal en cuyo centro hay un pedestal con la estatua mitológica citada, de 1,8 m de altura, un corpulento niño desnudo que sopla con su mano derecha una caracola y con la otra sujeta a la altura de la cintura la cola de un delfín al que está pisando la cabeza; la del niño es muy hermosa, vuelta hacia la derecha, con cabellera rizada de profunda talla, y también ciertamente logrado el efecto dinámico, a pesar de lo voluminoso de la escultura, en la que destaca también la expresividad del mofletudo rostro infantil. En cuanto a las escultura, de las 24 que existieron en Umbrete sólo se conservan tres en los jardines de las Delicias, de las de mediano tamaño, fácilmente identificables pues en sus estrechas peanas aparece grabado el nombre del dios correspondiente. Todas ellas son como decimos de tamaño inferior al natural, en torno a 1,10 m .
La mejor conservada es la de Urania, en la que se aprecia aún la blancura del mármol, y en la cual la figura femenina, tocada con corona de laurel, es esbelta y de serena prestancia, con su atributo característico de la bola del mundo.

Otra de ellas representa al dios Pan, apoyado sobre el tronco de un árbol, con rostro barbado, la mitad inferior del cuerpo de aspecto animal y la superior humana, destacando la disposición de la misma con la dinámica y bella curva praxiteliana.
Por su parte Venus, que aparece acompañada por el niño Dionisos, figura derecha en parte con un manto que le cae por detrás, con la pierna izquierda adelantada y la mano derecha sujetando el manto, mientras que la izquierda la coloca sobre la figura infantil; a la imagen de Venus le falta la cabeza, pero en la del niño se observa una talla bastante lograda.
En el Salón Alto de los Jardines de las Delicias faltan cuatro estatuas mitológicas. Apolo, Juno, Marte y Mercurio.
La figura de Mercurio aparecía tocada con sombrero y un amplio manto recogido en el brazo derecho y que le cubría la anatomía por detrás casi al completo, recogido por el otro lado en la cintura a modo de sudario, con un pudor propio del jardín de un eclesiástico.
Lo mismo ocurría con la esbelta figura de Apolo, con un perro a sus pies, de gran clasicismo, y con el acertado tratamiento anatómico que vemos en las demás estatuas, y la misma melancolía en la expresión, con la mirada perdida en el infinito.
Por su parte, la de Juno sólo muestra el desnudo de uno de sus brazos y la pierna correspondiente, que deja ver al recoger con su mano el ampuloso manto, mostrando como las otras un bello tratamiento del cabello a base de mechones individualizados peinados hacia atrás dejando ver el rostro.

En cuanto a los bustos, del conjunto de 33 que se citan en la descripción de los jardines, sólo se conservan en Sevilla 21 de ellos, aunque cuatro se encuentran completamente destrozados; miden entre 0,60 y 0,96 m, y están esculpidos en mármol blanco de Carrara, traído de Italia.
En el Museo de Bellas Artes se guardan dos ejemplares que difieren del resto por su superior calidad y por su tamaño, que es algo menor (0,42 m). La “Cabeza de Alejandro” es una excelente interpretación neoclásica de las versiones grecorromanas que representan al héroe helénico, destacando la talla del cabello rizado y el bellísimo escorzo de la cabeza respecto al cuerpo.
Por su parte, la “Cabeza báquica” constituye una representación totalmente idealizada de este tema mitológico, con la cabeza inclinada y sobre ella las características hojas de parra, apareciendo también ecos de las esculturas de atletas griegos en la cinta que recoge su larga cabellera.
El resto son anónimos retratos femeninos y masculinos que, aunque representados “a lo romano”, las actitudes y en muchos casos los peinados delatan su factura barroca.
Mención aparte merecen los pedestales, de los que se han perdido 10 de los que existieron en Umbrete hasta 1844; elaborados con piedra sipia extraída de las canteras de Morón de la Frontera, constituyen una singular muestra de la escultura pétrea de la segunda mitad del siglo XVIII, tanto por la calidad de la talla como sobre todo por la originalidad de sus diseños.

Todos ellos se hallan aún en los jardines de las Delicias, presentan líneas asimétricas a base de espirales y roleos, y algunos decoración de rocalla. Los cuatro situados en el Salón Alto miden 1,5 m y constan de una base que se estrecha con la altura, y en la parte inferior los roleos forman una especie de sol que puede relacionarse con el escudo del cardenal Solís.
Estos pedestales se deben a la mano del escultor Cayetano de Acosta (1709-1778) que fue maestro mayor de escultura del arzobispado y gozaba de la confianza absoluta del cardenal Solís, quien le consideraba “su arquitecto”, entendiendo por tal su condición de retablista.
En cuanto a la autoría y procedencia de las estatuas y bustos de las cuales la única referencia que hasta ahora se ha manejado es que fueron traídas de Italia por el cardenal Solís, quizá en su viaje por aquél país en 1769, pero esto noestá documentado.

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