martes, 25 de marzo de 2025

La Iglesia de Santa Catalina (17): el Retablo de Santa Ana y la Virgen Niña.

 

Junto al retablo de la Virgen del Carmen, en el muro de la nave de la Epístola, podemos ver este retablo barroco de mediados del siglo XVII dedicado a Santa Ana y la virgen niña. 


Se trata de un retablo de madera tallada y dorada, con una profusa decoración de roleos, rocallas y elementos vegetales, característicos del barroco sevillano de esta época. Presenta un banco, un cuerpo principal con hornacina central y un ático rematado por un relieve escultórico.

En la hornacina central se encuentra la imagen de Santa Ana con la Virgen Niña, donde la madre recoge con el brazo izquierdo a la niña mientras sostiene un pergamino con la mano derecha. La escultura destaca por la elegancia de los ropajes, estofados en oro, con ricas policromías.


En la parte superior del retablo se encuentra una representación de Dios Padre, con la bola del mundo en la mano izquierda y bendiciendo con la derecha, acompañado por ángeles. Se aprecian cabezas de querubines, ángeles y motivos florales tallados en madera y dorados.

lunes, 24 de marzo de 2025

La Iglesia de Santa Catalina (16): la Capilla del Cristo de la Exaltación.

 


La Capilla del Santísimo Cristo de la Exaltación se encuentra en el muro de la Epístola del templo de Santa Catalina, cubierta por una cúpula que se puede ver desde el exterior. Esta capilla es el hogar de la Hermandad de la Exaltación, una de las cofradías más antiguas y veneradas de la ciudad, fundada en el siglo XVII. 


Hacia 1400 en la nave de la Epístola y adosada a la torre se construyó la actual capilla de la Hermandad. Siguiendo el modelo de las qubbas musulmanas, la misma se resuelve como un espacio cuadrado, independiente del resto de la iglesia, cubriéndose con una bóveda de paños sobre trompas de estilo mudéjar, ricamente decorada con labores de lacería.

Esta capilla, llamada entonces de la Encarnación por un cuadro de dicha advocación existente en la misma, había pertenecido en la antigüedad a Dña. Luisa de Torquemada, viuda de Gaspar Pérez. Sin embargo, tras el fallecimiento de esta Señora y de sus dos hijos, la capilla había quedado abandonada y posteriormente adjudicada a la fábrica de Santa Catalina.

En 1701 la Hermandad de la Exaltación había reiterado, a fecha de 26 de octubre, su petición de cesión de la capilla, alegando el estado poco decoroso en que se encontraban sus Sagradas Imágenes Titulares.

Al ser cedida a la Hermandad de la Exaltación en 1702, se adornó con un zócalo de azulejos fechados a mediados del siglo XVIII, de motivos de puntas de diamantes.


La Hermandad de la Exaltación se estableció en la Iglesia de Santa Catalina en 1689. Desde entonces, la capilla ha sido un lugar de profunda devoción y ha experimentado diversas reformas para albergar dignamente a sus imágenes titulares. Como ya conocemos en 2004 la iglesia fue cerrada al culto debido a problemas estructurales, lo que llevó a la hermandad a trasladarse temporalmente a la Iglesia de San Román. Tras una extensa restauración, la Iglesia de Santa Catalina reabrió sus puertas en 2018, permitiendo el regreso de la hermandad a su sede original.

La capilla del Cristo de la Exaltación es un espacio de gran belleza y solemnidad dentro del templo. Su arquitectura presenta elementos barrocos y neoclásicos, con una cuidada decoración que resalta el protagonismo de las imágenes titulares.


La talla del Santísimo Cristo de la Exaltación es una obra de magnífica ejecución realizada en madera de cedrella y policromada al óleo en la segunda mitad del siglo XVII. De gran belleza y suavidad de líneas, la Sagrada Imagen está atribuida al círculo de Pedro Roldán, según algunos autores al mismo escultor, ya que no se incluye en el contrato de ejecución del paso que Luis Antonio de los Arcos y Cristóbal de Guadix firmaran el 13 de junio de 1678.


El Santísimo Cristo se fija al Santo Madero con tres clavos y el paño de pureza cordífero se abre por la cadera derecha, permitiendo contemplar la total desnudez de la figura por este lateral.


Porta la Sagrada Imagen corona de espinas sobrepuesta y las tres potencias que potencian la condición divina del Redentor. Por su parte, la cruz arbórea de la que pende el Santísimo Cristo luce cantoneras de orfebrería.


Desde el punto de vista iconográfico, el tema de la Exaltación de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz emana del Concilio de Trento, que acepto la «Crux Inmissa» o «Capitata» como la auténtica Cruz en la que murió el Redentor. Esta versión fue difundida rápidamente por el orbe católico gracias a los escritos del Cardenal Borromeo y a la eficaz intervención jesuítica. Se multiplicaron, como era de esperar, los grabados y estampas que pronto circularon por las principales cortes europeas.


Y Sevilla obviamente no fue una excepción. El modelo inspirador del taller de Roldán quizás fuese el cuadro de Rubens sobre el mismo tema, conservado en Amberes.


Entre 2007 y 2008 la Sagrada Imagen fue sometida a un largo proceso de restauración por las expertas manos de Pedro Manzano Beltrán, a fin de atajar problemas estructurales y de pudrición parda que afectaban a la talla en gravedad. 


Entre 2007 y 2008 la Sagrada Imagen fue sometida a un largo proceso de restauración por las expertas manos de Pedro Manzano Beltrán, a fin de atajar problemas estructurales y de pudrición parda que afectaban a la talla en gravedad.


La Hermandad de la Exaltación es propietaria del 11,1% de la iglesia de Santa Catalina, porcentaje que corresponde a la "Capilla Sacramental y la sala capitular de la Hermandad Sacramental". Así se recoge en la información registral sobre la finca. 


La Archidiócesis de Sevilla posee el 88,9% del templo, que fue inmatriculado el cinco de diciembre de 2008. La inscripción del porcentaje correspondiente a la hermandad, que ostenta el pleno dominio, corresponde al 23 de abril de 2015, en virtud de la certificación de dominio suscrita por el vicario general de la Archidiócesis, Teodoro León Muñoz. 


Sobre la capilla en la que reciben culto las imágenes de la corporación del Jueves Santo, conocida como Capilla de la Exaltación, y antes conocida como Capilla de Nuestra Señora de la Encarnación, existe un censo enfitéutico, una especie de cesión perpetua entre la Iglesia de Sevilla y la cofradía firmado en escritura el 19 de abril de 1702.



viernes, 21 de marzo de 2025

La Iglesia de Santa Catalina (15): el lienzo de la Exaltación de la Eucaristía.

 

Junto al retablo de Santa Lucía y próximo a la puerta del muro de la Epístola, podemos ver este lienzo propiedad de la Hermandad y cuyo título es "Exaltación de la Eucaristía". Este óleo sobre lienzo es anónimo y está datado en el siglo XVIII. 

La pintura está dividida en dos planos. En el inferior se reúnen en actitud de dialogo los cuatro Padres de la Iglesia perfectamente distinguidos por sus atributos iconográficos. En la parte superior, sostenido por querubines, se aparece un lujoso ostensorio barroco con la Sagrada Forma. A ambos lados, un coro de ángeles músicos canta en su honor.


El decreto sobre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía firmado por los padres conciliares en 1551 indicaba en su capítulo VI la necesidad caritativa de tener como hábito el llevar "honoríficamente" la Eucaristía a los hogares para ser administrada a los enfermos, que no podían trasladarse al templo. 

Ello dio lugar a las llamadas "procesiones de impedidos" organizadas por la Hermandad Sacramental en tiempos de la Pascua de Resurrección como una misión de caridad y como un testimonio público de fe, por lo que así eran valoradas como vértice de la labor evangelizadora de la Iglesia. 

La procesión se iniciaba desde la misma Capilla Sacramental y exteriormente quedaba circunscrita a los límites de la collación. La puesta en escena se caracterizaba por un protocolo que precisaba el cortejo desde el muñidor con el campanil hasta el palio, definiendo las insignias, la presidencia con varas y el orden de los hermanos que portaban las "candelas" 

Las indicaciones tridentinas subrayaban la exigencia de que la manipulación y exposición de la Sagrada Eucaristía se hicieran "cuidadosamente". Esta premisa motivó la fabricación de lujosos portaviáticos o altares portátiles, donde el Santísimo se alojaba durante la procesión y se exponía ante los aquejados en el interior de sus domicilios.





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jueves, 20 de marzo de 2025

La Iglesia de Santa Catalina (14): el Retablo de Santa Lucía.

 


Uno de los retablos más visitados de la iglesia de Santa Catalina es el Retablo de Santa Lucía. Este retablo está situado a los pies del templo sobre el muro de la Epístola, justo entre la portada principal y la puerta que da a la calle  Juan de Mesa.

El Retablo de la Primitiva, Fervorosa e Ilustre Hermandad de Santa Lucía, Virgen y Mártir, recompuesto con elementos de principios del XVII, con pinturas de misma datación, procede de la desecularizada Iglesia de Santa Lucía, de donde también procede la portada principal del templo de estilo gótico-mudéjar.
 

El retablo neoclásico del siglo XVIII se compone de banco, cuerpo y ático. El ático corona el retablo con un lienzo del Calvario, en el que a Jesús lo acompañan la Virgen María y San Juan Evangelista.

El cuerpo principal del retablo está presidido por la imagen de Santa Lucía, situada en una hornacina central. Esta talla, atribuida a Francisco Ruiz Gijón, es una muestra del virtuosismo del escultor en la representación de figuras religiosas. A ambos lados de la hornacina central hay sendos lienzos con escenas de la vida de la santa, lienzos del siglo XVII, misma época del retablo.

La santa se presenta de pie, portando sus atributos característicos: aureola de santidad, la espada del martirio, símbolo de su fidelidad y sacrificio por la fe cristiana, la palma del triunfo y el plato con sus ojos, referencia a la leyenda que narra cómo le fueron arrancados los ojos durante su martirio, convirtiéndose en protectora de la vista.


La imagen destaca por su naturalismo y detallismo, características propias del autor. Los pliegues de su vestimenta y la expresión serena de su rostro invitan a la contemplación y reflejan la maestría de Ruiz Gijón. Ha tenido tres intervenciones de restauración: la primera por Castillo Lastrucci, al hacerse cargo de ella la Hermandad; otra en 1959 por Manuel Cerquera, quien estofó los ropajes con diáfanos colores; la última y más reciente, por el profesor Juan Manuel Miñarro, con criterio estrictamente científico y conservador.






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miércoles, 19 de marzo de 2025

La Iglesia de Santa Catalina (13): las Urnas del Niño Jesús.



 La urna del Niño Jesús en la nave del Evangelio.

En la Iglesia de Santa Catalina de Sevilla, a los pies del templo, se encuentran dos pequeñas esculturas del Niño Jesús que destacan por su singularidad y devoción. Estas imágenes, colocadas en vitrinas individuales, son objeto de veneración y forman parte del rico patrimonio artístico y religioso de esta iglesia mudéjar. 

Ambas esculturas del Niño Jesús están ubicadas en vitrinas situadas en la nave principal, cerca de la entrada del templo. Estas imágenes son pequeñas pero cada una tiene características propias que las hacen únicas dentro del contexto artístico sevillano.


 La urna del Niño Jesús en la nave del Evangelio.



Las dos vitrinas flanqueando la puerta de entrada.



 La urna del Niño Jesús en la nave de la Epístola.


 La urna del Niño Jesús en la nave de la Epístola.



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martes, 18 de marzo de 2025

La Iglesia de Santa Catalina (12): el Retablo de San Cayetano.

 


El Retablo de San Cayetano es una de las piezas artísticas más destacadas de la Iglesia de Santa Catalina de Sevilla. Este retablo, de gran valor histórico y devocional, alberga la imagen de San Cayetano de Thiene, fundador de la Orden de Clérigos Regulares Teatinos y un referente de la espiritualidad contrarreformista del siglo XVI. Su presencia en este templo refleja la importancia del santo en la religiosidad sevillana, así como la influencia de su orden en la ciudad. San Cayetano fue un presbítero, que en Nápoles, en la región italiana de Campania, se entregó a pías obras de caridad, especialmente en favor de los enfermos incurables, promovió asociaciones para la formación religiosa de los laicos e instituyó los Clérigos Regulares para la renovación de la Iglesia, recomendando a sus discípulos el deber de observar la primitiva forma de vida apostólica (1547).

Se trata de un retablo estructurado con banco, un único cuerpo y un ático, cuyas dimensiones son 7,50 x 2,24 x 1,10 metros. Fue elaborado en el siglo XIX y sigue la disposición clásica del retablismo de la época.

En el cuerpo principal, destacan columnas jónicas con el tercio inferior estriado, las cuales enmarcan una amplia hornacina de medio punto. En su interior, se encuentra un notable conjunto escultórico de San Cayetano y la Virgen, atribuido a Cristóbal Ramos y realizado en el último cuarto del siglo XVIII. La escena representa el instante en el que San Cayetano recibe la aparición de la Virgen, un pasaje de gran carga simbólica dentro de la iconografía del santo.

La imagen de la Virgen María se sitúa sobre un trono de nubes, acompañado por tres querubines y dos ángeles. En actitud maternal, la Virgen se inclina hacia San Cayetano y le ofrece al Niño Jesús. Su vestimenta es rica en detalles: una túnica roja, ajustada en la cintura y decorada con motivos florales estofados, y un manto azul, el cual recoge sobre su pecho mediante un nudo o botón. Además, porta un velo sobre la cabeza y una aureola de estrellas.

Por su parte, la escultura de San Cayetano lo muestra arrodillado sobre una nube, con la mirada elevada y los brazos abiertos en actitud de recogimiento. En sus manos sostiene un paño, con el que se dispone a recibir y envolver al Niño Jesús, reflejando el momento de la entrega divina.

La hornacina que alberga la escena está protegida por un cristal y en las enjutas del arco aparece decoración ornamental. En la base de la misma se encuentra una cartela mixtilínea con una inscripción en latín, cuya función es resaltar la importancia de la escena representada.


El ático del retablo está presidido por la imagen de Santa Bárbara, una obra que también se atribuye a Cristóbal Ramos. La santa se presenta según su iconografía tradicional, vestida con prendas lujosas y sosteniendo con ambas manos su atributo característico: una torre de gran tamaño.

A los lados de Santa Bárbara, se levantan columnas corintias y pilastras que finalizan en ménsulas con función de capitel. Sobre ellas descansa un cuerpo superior rematado por un frontón curvo, decorado con jarrones a cada extremo. En el centro del conjunto se sitúa una cartela, la cual enmarca un corazón radiante, rodeado por una ráfaga y coronado en su parte superior.

La mesa del altar, con un diseño de esquinas quebradas, exhibe en su parte central una cartela circular y presenta una rica ornamentación en su parte superior a base de guirnaldas.
Por sus características estilísticas, este retablo guarda una estrecha relación con la producción artística de Francisco José de Acosta “el Joven”, quien estuvo activo en los últimos años del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. Su obra muestra influencias del barroco tardío con ciertos matices neoclásicos, lo que se evidencia en la estructura y la ornamentación del retablo de San Cayetano.




lunes, 17 de marzo de 2025

La Iglesia de Santa Catalina (11): la Capilla de Nuestra Señora del Rosario.

 

La Capilla de Nuestra Señora del Rosario, situada en la nave del Evangelio de la Iglesia de Santa Catalina, es uno de los espacios más significativos del templo, tanto por su valor artístico como por la devoción que suscita. 


Fue la primitiva capilla sacramental, pero a causa de un pleito, provoca la permuta entre la sacramental y la corporación del Rosario. Ya en el XVIII, se le agrega el camarín para una Virgen que está acompañada por San Félix Cantalicio y de San Benito. Otra de las joyas de esta hermandad es el Simpecado, que está en un lateral de la capilla. Posee azulejos del XVII recuperados en la última reforma.


La capilla fue construida en el siglo XVII y reformada en el XVIII. En 1746, tras un acuerdo con la Hermandad Sacramental, se convirtió en el hogar definitivo de la imagen de Nuestra Señora del Rosario. Desde entonces, ha sido un lugar destacado para el culto mariano en Santa Catalina.


La Hermandad del Rosario se fundó en 1710, tras independizarse de la Hermandad Sacramental. Esta corporación tuvo un papel clave en fomentar la devoción a la Virgen del Rosario, considerada patrona de la feligresía. En 2002, se fusionó con la Hermandad del Carmen, formando una única entidad que sigue promoviendo los cultos y procesiones dedicados a ambas advocaciones marianas.


La Virgen del Rosario es una talla de candelero realizada en el siglo XVIII. La Virgen del Rosario es una Imagen atribuída a la gubia del genial maestro, Francisco Antonio Ruiz Gujón, fue desmochada para vestirla, en 1994 fue reconstruida por el taller Ixbilia, participando el actual taller de ' Daroal', que le puso un hermoso y brillante estofado. Su estilo se inscribe dentro del barroco sevillano tardío, caracterizado por su delicadeza y expresividad. La Virgen está representada con una expresión serena y maternal. Porta al Niño Jesús en su brazo izquierdo, mientras que en su mano derecha sostiene un rosario. La imagen está ricamente vestida con mantos bordados y joyas donadas por los fieles a lo largo de los siglos. Es objeto de gran veneración, especialmente durante el mes de octubre, cuando se celebra el Rosario público y otros actos litúrgicos en su honor.


El retablo que preside la capilla es una obra barroca del siglo XVIII, manierista. Está decorado con columnas salomónicas doradas y un ático rematado con motivos ornamentales típicos del barroco sevillano. La base de las paredes está revestida con azulejos sevillanos del siglo XVIII y el techo está decorado con yeserías barrocas que muestran motivos florales y geométricos.


Además de la Virgen del Rosario, la capilla alberga otras imágenes que enriquecen su programa iconográfico: A los pies de la imagen siempre van dos figurillas que corresponden a San Bernardo de Claraval (que se distinguió por su carácter mariano) y San Juan Nepomuceno, Patrón de los Confesores, ya que fué arrojado con una rueda de molino al cuello por no revelar un secreto de confesión de Juana de Baviera, esposa del emperador alemán Wenceslao VI. Estas imágenes han sido recientemente restauradas por José Pulgar y parecen haber sido realizadas en la segunda mitad del XVII.


San Juan Nepomuceno.


San Bernardo de Claraval, uno de los fundadores de la Orden del Císter.

Estas esculturas complementan el carácter devocional de la capilla y refuerzan su mensaje espiritual centrado en la oración y la intercesión divina. Ademas de San Bernardo y san Juan Nepomuceno, también podemos ver en la capilla las tallas de San Francisco de Padua y santo Domingo de Guzmán que vimos en el post dedicado al presbiterio.


La joya cumbre de esta corporación la constituye su fenomenal "Simpecado de gala", que junto con el de la Virgen de las Aguas de la ex-colegiata del Salvador, son las dos piezas mejores en su género de toda la ciudad. Al parecer, se estrenó en 1768. Va bordado en oro sobre terciopelo rojo, con jugosos motivos rocallas enmarcando un buen óvalo pictórico.

Cuenta una piadosa leyenda que la imagen sostenía el Niño en su brazo izquierdo. Un día, un monaguillo fue a cambiar una lámpara de aceite que ardía contínuamente delante la imagen. Al llegar a la capilla oyó una voz que decía "llama al clero parroquial y di que he dicho esta parte del techo amenaza de ruina" . El acólito, asustado, contestó "Señora, no me creerán ni aunque así se lo diga", a lo que la Virgen contestó "Di que me hallarán con el Niño cambiado de brazo". Cuando los sacerdotes llegaron vieron al Niño cambiado de brazo, examinaron el techo y vieron que el aviso de la Señora era cierto. Desde entonces la Virgen lleva al Niño en esta posición, en recuerdo de aquel prodigio, ya que la Patrona de la Collación de Santa Catalina quiso de ese modo salvar a sus hijos.