domingo, 30 de diciembre de 2012

Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos.




La obra que se vemos en la foto de arriba es una pintura titulada "Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos" y está ejecutada al óleo sobre lienzo. Tiene unas dimensiones de 3.26 x 2.44 m. y cuenta con una moldura de la época tallada con acanaladuras transversales al eje de la caña y decoraciones vegetales en los ángulos. Está situada en la Casa de los Pinelo y forma parte de la colección de la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría.
Al dorso del lienzo puede leerse: “copiado del cuadro original de B. E. Murillo cuyo original existe en la Academia de Bellas Artes de Madrid. Eduardo Carrió, 1874”.

Esta pintura inédita realizada por Eduardo Carrió está copiada al natural del original de Murillo, a escala 1:1, algo excepcional en ese tipo de obras de las que, en relación con este tema en concreto, no se conocen otros ejemplos.
La temática de este cuadro representa el tema homólogo realizado por encargo del sevillano Miguel Mañara para, junto a otros siete lienzos, conformar el programa iconográfico de la iglesia de San Jorge del Hospital de la Hermandad de la Caridad.
Éste tiene unas dimensiones de 3.25 x 2.45 m. y fue realizado con terminación en medio punto para un retablo marco ubicado en el lado de la Epístola del templo citado.
La historia de estas obras de la Caridad de Sevilla fue complicada y dieron lugar aun gran recorrido internacional de las mismas. Esta sería la razón por la que, en concreto, la "Santa Isabel de Hungría" se hallaba en la Real Academia de Bellas Artes San Fernando de Madrid, primero, y luego en el Museo del Prado entre los años 1815 y 1939: el de estar de vuelta desde París tras ser expoliada en Sevilla por el Mariscal Soult durante la invasión napoleónica.


En este estado permanecen las pinturas de la Caridad en París hasta 1815, año en el que fueron devueltas de Francia tras la subida al trono del nuevo rey.
Tras su repatriación, ésta dedicada a la caridad de Santa Isabel es depositada en la Real Academia de Bellas Artes San Fernando de Madrid sin que existiera intención de ser devuelta a Sevilla, según se dijo entonces ante la insistente demanda de la Hermandad de la Caridad para que retornara al lugar del que fue expoliada, en prenda del pago de los gastos ocasionados por el viaje desde París.
Intentos infructuosos ya que, en 1901, por una Real Orden, es trasladada al Museo de El Prado.
Antes de abandonar la Academia, en 1874, sería copiada en aquel estado por el catalán Eduardo Carríó, teniendo como resultado la obra que vemos en la foto.
Esta pintura realizada por Eduardo Carrió fue encontrada a mediados del año 2005 en el domicilio de un comerciante de arte de la ciudad de Buenos Aires, no teniéndose constancia de su existencia. Procedía de una institución benéfica fundada por el Obispo de Temnos, el Instituto Monseñor de Andrea, no constando fecha de recepción.
En este momento es advertida la exactitud del tamaño respecto al original y apreciada su calidad artística, razones que animan a su compra y posterior traslado a España.
Eduardo Carrió es contemplado en una escasa bibliografía como artista catalán nacido en Barcelona que estudia en la Escuela de Bellas Artes de esta ciudad y desarrolla su carrera durante la segunda mitad del siglo XIX. Un artísta que se especializó en composiciones así como en la realización de paisajes urbanos y destacó como excelente copista.


Una reproducción fiel en la que Eduardo Carrió, sin embargo, deja plasmada una fuerte impronta de personalidad artística muy vinculada en su expresión, más dulcificada, a la pintura decimonónica de infl uencia francesa. En el análisis comparativo con el original, debe tenerse en cuenta el estado en que se conservaba este último en la fecha que es observada por Carrió (1874 como constata la leyenda escrita al dorso de la obra) no pudiendo ser apreciables aquellos matices que le fueron desprovistos en las restauraciones efectuadas en el Louvre.
En su conjunto, la expresión artística de esta pintura mantiene una fidelidad al original que, en los aspectos compositivos, es de absoluta coincidencia, así como en la ambientación, recreando de manera sorprendente
tanto la captación del espacio como la presentación de la escena, conseguido muy próximo a como a lo concibiera Murillo.
Estos rasgos conceden el interés como obra de calidad artística, algo que es igualmente apreciable en la ejecución de los detalles secundarios: la recreación de los elementos que portan los personajes, los ropajes o el marco arquitectónico.


La razón de su exportación a América no ha podido constatarse documentalmente, pero una vez rescatada del país sudamericano, el Banco de Santander, con su Presidente a la cabeza regaló esta obra pictórica a la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, obra que podemos ver en la escalera principal de su sede en la Casa de los Pinelo de Sevilla.

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