En la tarde del sábado pudimos disfrutar de este haz de luz que iluminaba la Iglesia de Omnium Sanctorum durante las primeras horas de la tarde, haz de luz que llegó hasta los pies del Señor de la Paz que esperaba en su altar.
¿Acaso mentía el gran Silvio Fernández cuando decía que "Sevilla no tiene que demostrar que es la ciudad más bonita del mundo"? Así es Sevilla, un lugar que enamora por sus rincones únicos, piedras antiguas y cantes hondos que se mezclan entre históricos palacios reales y soleadas alamedas, una ciudad que se mece sobre las plateadas aguas del Guadalquivir y es acunada por un cielo tan luminosamente azul que merece escribirle los versos más bellos del mundo.
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