viernes, 15 de junio de 2018

La fachada del Hospital San Juan de Dios (1).




El Hospital San Juan de Dios comenzó siendo un chalet llamado 'Villa Amalia' del barrio de Nervión en 1943, donde los hermanos atendían a los niños afectados por la poliomielitis y sus secuelas. Superada la enfermedad gracias a la vacuna, el hospital se adaptó a las necesidades sociosanitarias que fueron apareciendo, incorporando quirófanos, área de hospitalización y consultas externas en los años 80.

Entre 1946 y 1951, ese inmueble se transforma en un edificio parecido al actual gracias, sobre todo, a las aportaciones de la sociedad. Por aquella época el centro fue llamado Sanatorio de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.

El autor del diseño fue el arquitecto Aurelio Gómez Millán. Edificó una Villa de estilo Regionalista. El edificio, con un amplio jardín delantero que no responde a la etapa regionalista sino más bien a una época de transición hacia el racionalismo, pero que mantiene una decoración proveniente del regionalismo que ha sido denominada por los técnicos como neobarroca blanca. 


El Gran Poder visitó en una tarde lluviosa de 1965 el hospital con motivo de las llamadas misiones populares. Siendo hermano superior Serafín Madrid O. H. (creador del teléfono de la esperanza), se instalan en el edificio las Escuelas Profesionales y se abre el colegio de educación especial con 250 niñas. A finales de los 70 se acomete la primera gran reforma para adecuar el área médico-quirúrgica. Esta orden católica fundada en Granada en 1593 ya se planteó en los años 90 una ampliación del hospital al entender que se había quedado pequeño ante las demandas de la sociedad.

Actualmente, el edificio ha crecido y es considerado uno de los mejores hospitales de la ciudad.

martes, 5 de junio de 2018

Vistas de Sevilla desde el Hospital Virgen Macarena.




Durante una larga estancia en el Hospital Virgen Macarena atendiendo a mi padre en una, también, larga enfermedad tuve la oportunidad de disfrutar de estas vistas de nuestra ciudad. Dentro del tedio de la estancia en una habitación hospitalaria, mira al frente y reconocer muchos de los edificios emblemáticos de Sevilla fue uno de los mejores entretenimientos.


La Giralda y la Catedral se distinguen a lo lejos, construidas sobre uno de los puntos más altos de nuestra geografía. A su derecha llama la atención el entramado de madera del moderno edificio de la Encarnación, el Metropol Parasol del arquitecto Jürgen Mayer.


En esta foto podemos ver, de izquierda a derecha, la torre de laIglesia de San Pedro, a su derecha y un poco más cercana el torreón del Palacio de las Dueñas y la espadaña del Convento de Santa Ángela de la Cruz. Más a la derecha se puede identificar la cúpula y torre del Oratorio de San Felipe Neri.


Imponentes al fondo las dos torres de la Plaza de España, a la izquierda la torre sur y a la derecha la torre norte. A la izquierda de la foto y más cercana, la iglesia del Convento de Santa Isabel con su característica espadaña, más a la derecha la Iglesia de los Terceros de la calle Sol y su espadaña en tonos ocres y tierra, y más a la derecha distinguimos la torre de la Iglesia de San Marco.


En esta perspectiva, y teniendo como fondo al Puente del V Centenario, tenemos un primer plano de la Iglesia de San Luís de los franceses con su imponente cúpula y las dos torres que flanquean la fachada barroca.  Justo delante de estas podemos distinguir la torre de la Iglesia de Santa Marina y la chimenea de 40 metros de la antigua Fábrica de sombreros Fernández y Roche.
a la izquierda de la foto se pueden apreciar las torres y cúpula de la Iglesia de San Ildefonso y, a su derecha, la cúpula de la Iglesia de Santa Cruz (la espadaña blanca la podemos ver entre las torres de la Iglesia de San Luís de los franceses).
Delante de la cúpula de Santa Cruz, vemos parte del edificio del Archivo Histórico Provincial de Sevilla (reloj en fachada y mirador art nouveau), justo en la esquina de la calle Almirante Apodaca con Alhóndiga.


A la izquierda la torre norte de la Plaza de España. A continuación la Iglesia de Los Terceros, la torre de San Marco, la torre de la Iglesia de San Bernardo, a su derecha podemos ver levemente la torre de la Iglesia de Santa Catalina y a su lado la Estatua de la Fe que corona la cúpula de dicho templo. Finalmente nos encontramos con la inimitable Iglesia de San Ildefonso y sus torre gemelas y cúpula en tonos albero, blanco y rojo.


En el centro de este foto se sitúa la torre de la Iglesia de Omnium Sanctorum, detrás de las palmeras del parque del Parlamento de Andalucía. Al fondo a la izquierda la torre de la Iglesia de Santa Ana de Triana.


En el centro de la imagen vemos la torre de la Iglesia de San Gil. A su izquierda se ve la espadaña y el techo del crucero de la iglesia del antiguo Convento de Montesión. Más al fondo se distingue el torreón del Palacio del Marqués de la Motilla en la calle Laraña. A la derecha, al fondo, se distingue la mole de cemento de la famosa Torre de los Remedios.


A la derecha, la Torre de los Perdigones. A su izquierda, un edificio de la Junta de Andalucía, Torretriana. Más a la izquierda la famosa Torre Pelli y, delante de ella, la Torre Schindler. Finalmente, empequeñecida por lo anterior, se distingue fugazmente la Torre de Don Fadrique.


A  la izquierda del Hospital Virgen Macarena está situado este inmenso edificio que, en su origen, fue un añadido al Hospital de las Cinco Llagas y data de 1540. Fue remodelado en 1958 y proyectado por el arquitecto municipal Antonio Delgado Roig. Destaca de este impresionante conjunto arquitectónico su iorganización a través de varios patios porticados y jardines, por lo cual es famoso, creando un ambiente envolvente claramente regionalista. Es el Hogar Virgen de los Reyes.
Este edificio, ha hecho las veces de hospicio y años más tarde de hospital, bajo la dirección de las religiosas de la Orden de la Caridad.
Este lugar acogía a enfermos terminales, los cuales encontraban su último lugar de descanso. En él murieron centenares de personas víctimas de las enfermedades, de las distintas epidemias que azotaron a la ciudad de Sevilla siglos atrás o de los desastres de la guerra. Todo ello además en un entorno donde se enterraban a las víctimas de estas epidemias y muertes violentas, baste recordar entre ellos al famoso imaginero Martínez Montañés.
Debido a estas muertes y al tratarse de un hospital, se procedía a enterrar los cuerpos en los patios interiores y en los exteriores del mismo. Es por ello que podemos considerar la zona del edificio y sus alrededores como un cementerio en toda regla.
La construcción mantiene hoy en día su antigua estructura, pues las habitaciones, celdas y salas son las propias de un centro de salud. En la actualidad, el Ayuntamiento de Sevilla y la Diputación Provincial llevan a cabo en el edificio diversos talleres ocupacionales, centro de adultos, actividades y lúdicas.
Se dice que existen fantasmas en el recinto.


Este gran edificio es el Parlamento de Andalucía, antes Hospital de las Cinco Llagas. Con esta vista damos por concluido el repaso a la vista que se tiene desde las octava planta del Hospital Virgen Macarena, no sin antes hacerle un guiño al Giraldillo, tan derecho y tan estirado, allí en lontananza.


jueves, 31 de mayo de 2018

Un recuerdo del Convento del Pópulo.




Corría el año 1753, en un difícil contexto histórico para los gitanos en España que eran perseguidos y encarcelados, cuando un grupo de gitanos del barrio de Triana encabezados por Sebastián Miguel de Varas, decidieron fundar en el Convento del Espíritu Santo la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Nuestra Señora de las Angustias, la Hermandad de los Gitanos.

Con este fin solicitaron el permiso del cardenal arzobispo de Sevilla, D. Luis Jaime de Borbón, quien expidió el decreto que lo autorizaba el 9 de agosto de 1753. El 7 de diciembre de dicho año se sancionaban las primeras reglas de la hermandad con la intervención de, D. Manuel de los Céspedes, provisor del Arzobispo. En las mismas se indicaba que la Hermandad realizaría su estación de penitencia a la Iglesia de Santa Ana como las restantes hermandades del barrio de Triana

Sin embargo la Hermandad se ve obligada a cambiar su sede canónica debido a la negativa del prior del Convento del Espíritu Santo al parecer por haber manifestado la Hermandad de las Tres Caídas su intención de regresar al mismo, lo que finalmente no sucedió. Ante este revés para la Hermandad, los cofrades consiguieron la promesa del prior del Convento del Pópulo de admitirlo en su iglesia. 


En vista de que se hallaba ubicada en la feligresía de la Magdalena, (osea en la otra orilla del río, en Sevilla), se suplicó que se facultara a la corporación para hacer estación de penitencia como una cofradía más de Sevilla, y por tanto a la Santa Iglesia Catedral. El Provisor, conforme con el dictamen fiscal, proveyó auto por el que dio licencia a la traslación pretendida, previo consentimiento del prior y comunidad del Pópulo.

En 1757 la cofradía realizó por vez primera la estación de penitencia. El 28 de marzo de dicho año Miguel de Vargas y Miranda, vecino de Triana, alcalde primero y fundador de la cofradía, solicitó al priostre de la trianera cofradía de la Esperanza de Triana que le prestase algunos enseres para poder efectuar la estación de penitencia, ya que su cofradía "por ser nueva le falta cosas para que salga con decencia".

miércoles, 30 de mayo de 2018

El símbolo de la Cuesta del Bacalao.




En la imagen de arriba podemos ver una representación gráfica de un lomo de bacalao. Es los ue veríamos los modernos. Sin embargo, esta palanca de madera que representa, efectivamente, un lomo de bacalao no es ni más ni menos que un grandioso ejemplo de la recuperación de la memoria histórica de la ciudad.

La calle Argote de Molina, conocida popularmente por Cuesta del Bacalao, toma prestado su sobrenombre de los pequeños comercios de ultramarinos que existían en ella desde el siglo XIX hasta hace unas décadas que los bares, restaurantes y zonas de ocio ocuparon su lugar.

En la esquina que vemos existía una tienda de ultramarinos que tenía el nombre de "El Brillante" regentada por D. Jesús Sanz. Allí como no podía ser de otra forma, podríamos conseguir todo tipo de alimentos y especias, muchos de ellos llegados de allende los mares.

Uno de ellos era el bacalao, un alimento que, si bien se pescaba en las frías aguas del Océano Ártico, llegaba a nuestra ciudad secado y dispuesto para ser vendido. La tradición de secar el pescado para conservarlo se remonta a la época vikinga, pero el proceso de salar pescado comenzó en el siglo XV, cuando los pescadores españoles y portugueses navegaban a Terranova. Este bacalao, preservado en sal, se mantenía en buen estado durante la travesía.

El bacalao seco salado también es popular en los países católicos, gracias a una tradición que data de la edad media. El Papa ordenó a los católicos comer pescado en lugar de carne durante la Cuaresma. De esta forma, los océanos nórdicos exportaron este pescado a los católicos del mundo durante muchos años y aún lo siguen haciendo, confirmándose una de las tradiciones más "rancias" de la religiosidad sevillana de la primavera.


D. Jesús Sanz colocó en el sitio que vemos ahora (desde 1922 a 1976) un bacalao de madera, símbolo de su establecimiento y que, con el tiempo, también se convirtió en símbolo de una calle y símbolo de una ciudad que tiene en su Semana Santa una forma de dar vida al cordón umbilical de la Cuesta del Bacalao con las tradiciones centenarias de Sevilla.

Con el tiempo, "El Brillante" cerró y el "bacalao" de la calle Argote de Molina se fue deteriorando. Treinta y siete años después, en 2013, un empresario sevillano, D. José Baco, mandó restaurarlo a Dña. Beatriz Zamora, ofreciéndolo después al Ayuntamiento, quien ordenó colocarlo de nuevo en su original emplazamiento para recuerdo de una época, de una calle y de unos comerciantes que nos acercaban los productos del Nuevo Mundo y ... del Polo Norte.

martes, 29 de mayo de 2018

La historia de la calle Placentines.




La calles del centro de Sevilla, aún enmascaradas dentro de la propia historia de la ciudad, también tienen su propia historia que le confieren un carácter particular. El caso de la calle Placentines no es ajeno a esta circunstancias. 

Gracias a la asociación "Raigambre de Sevilla" que colocó el azulejo (año 2000)  que vemos más abajo y a D. Juan Aragón (sito en calle Águilas, 25 según podemos ver en su firma) podemos conocer, aunque sea en una pincelada, el origen de esta calle que albergó a italianos venidos de la ciudad de Piacenza, nombre propio cuya traducción debiera ser Plasencia, pero como aquí cerquita en Extremadura tenemos una ciudad de este mismo nombre, evitaremos el duplicado tomando su forma italiana.


Piacenza es una de las ciudades importantes de la región de Emilia-Romana, una región del norte de Italia que se extiende desde el Mar Adriático hasta casi el Mediterráneo sin tocar la costa. A pesar de tener abierto paso fluvial a través del río Po hacia en Adriático, la ciudad de Piacenza ha tenido más vínculos con el Mediterráneo al que tienen a escasos kilómetros a través de la ciudad de Génova.

Cuenta la historia que los piacentinos (o placentinos) llegaron a la ciudad an ayuda del Rey San Fernando para la conquista de la misma. En agradecimiento de su labor, el propio rey les permitió ciertos privilegios: tener calle propia, horno para pan y baño para los aseos.

Con el tiempo fue modificándose la calle y, aunque sufrió cierta deslocalización respecto a sus vecinos, el nombre de Placentines permaneció en recuerdo de su peculiar origen y fue tomado como nombre de la calle en el siglo XIX.


Como curiosidad podemos comentar que la esquina de la calle Placentines con el Palacio Arzobispal fue llamada Matacanónigos. 

Se le llamó así al menos al principio del siglo XIX por las corrientes de aire que se formaban en invierno y las pulmonías que provocaban. Como los residentes del Palacio Arzobispal eran los que más frecuentaban la zona, entre ellos los canónigos, pues eran los que más se constipaban y de ahí el peculiar nombre.

lunes, 28 de mayo de 2018

El Escudo de Sevilla.



El escudo arriba representado, en versiones más o menos similares, ha sido considerado el Escudo de Sevilla durante décadas, sin embargo no ha sido hasta finales del año pasado (2017) cuando por fin se ha oficializado mediante elección por el Plano del Ayuntamiento de la ciudad y el registro consecuente en el Registro Andaluz de Entidades Locales

Como pueden ver, el escudo aprobado representa "la figura de Fernando III con túnica y calzado de gules, capa de azur ribeteada de oro, coronado de lo mismo, con una espada de plata guarnecida de oro en su mano diestra y cruz de oro en la siniestra", acompañado por San Isidoro y San Leandro, "ambos vestidos con alba y calzado de plata, capa pluvial y estola de oro, con mitra de lo mismo forrada de plata y cruz en el frontal".

También figuran en el escudo "la inscripción NO&DO de oro intercalada por una madeja de lo mismo", así como una "corona real abierta". La imagen también incluye el "lema en plata" de "muy noble, muy leal, muy heroica, invicta y mariana", en referencia a la ciudad de Sevilla. Durante el Pleno ordinario del pasado mes de enero, cuando fue aprobado definitivamente el diseño de este escudo, el PSOE, el PP y Ciudadanos apoyaron el mismo Escudo de Sevilla.

domingo, 27 de mayo de 2018

La casa del tigre.




Todo el que gusta de callejear por el centro de nuestro casco histórico conoce la pequeña calle Amparo, a medio camino entre la Plaza de San Martín y el Pozo Santo. Pues bien, en esta calle, sobre la fachada del número 9 podemos ver el curioso azulejo que les muestro más arriba y que hace alusión a la antigua existencia de un tigre en el interior de dicha vivienda. Como las historias del tigre y del edificio por sí mismo van de la mano, recordémosla y encontrarán la explicación de este famoso ya "salto del tigre".

La “Casa del Tigre”, como se la conoció desde hace ya más de cincuenta años, se mandó edificar en el año 1898 por el que fuera Gobernador Militar de la ciudad de Sevilla y Caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén don Pedro Parias González, destinándola a su residencia particular. Dicho edificio, se construyó sobre el solar de una vieja posada del siglo XVI, llamada de Santa Teresa, por haber pernoctado en aquel lugar Santa Teresa de Ávila, así como sobre una antigua casa particular del siglo XVII. Edificios que siempre estuvieron rodeados de viejas leyendas.

Tras construirse el definitivo edificio a finales del siglo XIX, se convertirá en la residencia oficial del Gobernador de la ciudad. La entrada principal del edificio, se encontraba orientada hacia la fachada de la Calle don Pedro, a través de la cual, se daba acceso a un amplio patio de columnas y unas románticas escaleras de caracol que comunicaban al invitado con la plata superior, dandole un aspecto decimonónico. La fachada de la calle Amparo, era la antigua fachada de servicio, por cuya puerta principal, entraban los carruajes del señor, hasta la segunda escalera de mármol, que comunicaba con la planta superior.



En el año 1943, tras el fallecimiento del Gobernador Parias, dicho edifico, pasa por compraventa a manos de don Isacio de Contreras, un conocido aristócrata y político de la ciudad de Sevilla, natural de Alcalá la Real, en la provincia de Jaén. Debido al mal estado de conservación, se tuvo que reformar casi por completo. Reforma que tuvo lugar en el año 1956, por la cual se cambió la orientación de la entrada principal de la casa hacía la Calle Amparo, reformando la fachada de esta calle y dividiendose el edifico en varias fincas independientes que hoy son locales comerciales ocupados por los artesanos mas antiguos de la ciudad, entre los que hay escultores, grabadores, doradores y bordadores, dos pisos en la primera planta y un piso en la segunda planta.

El edificio permaneció alquilado a la familia del famoso poeta Saenz de Andino por la familia Contreras, durante unos años, tras lo cual se alquiló a don Javier Lasaleta del Clos, Director del Zoológico de Jerez de la Frontera. Dicho inquilino, era propietario de dos tigres, que había cazado y criado en uno de sus frecuentes viajes a África. Al criarse en cautiverio los tuvo durante mas de diez años como animales domésticos en el edificio, y fue, entonces, cuando comenzó a llamarse popularmente “La casa del Tigre”.

Tras pasar de nuevo el uso del edificio a la familia propietaria se inicia una nueva reforma en el año 1977 en la que se restituirán vigas, y reforzaran viejos muros que habían sido aprovechados de las antiguas casas del siglo XVI y XVII en la reforma anterior. Se convertirá en la residencia familiar de los actuales propietarios desde el año 1978.

En la actualidad, la propiedad del edifico, ha procurado mantener viva la historia y singularidad de la casa, respetando en todo momento su antigua distribución, manteniéndolo en el mejor estado de conservación posible y albergando en su interior una gran colección de recuerdos familiares, muy vinculados con la historia de la ciudad y de España. Y en la fachada de la calle Amparo tuvieron a bien colocar un azulejo recordando a los sevillanos la historia del tigre del Director del Zoológico de Jerez.

viernes, 25 de mayo de 2018

El azulejo de la Barriada de la RENFE.




Junto al número 4 de la calle Brillante, en pleno corazón del barrio de la Macarena, podemos ver dos azulejos. El de la derecha del edificio indica la existencia de un centro social de gran vida interna y con actividades socio culturales prácticamente todo el año. Este centro lleva el nombre de San Francisco de Asís.

El nacimiento del Centro Cultural San Francisco de Asís se gesta hacía el año 1978, donde un buen grupo de amigos conciben la idea, la mayoría vecinos de San Francisco de Asís. El objetivo fue buscar un lugar de reunión desde donde trasladar la cultura a los vecinos de la barriada.


El segundo de ellos es el azulejo que encabeza este texto. Hace honor al origen de la barriada. Ésta es conocida por la Barriada de la RENFE pues se construyó pensando en que sirviera de hogar para los trabajadores de esta entidad pública a principio de los años sesenta del siglo pasado.

El azulejo fue colocado en el año 2004 y, junto al Arco de la Macarena, dibujado en el centro en referencia al barrio, se pueden ver dos locomotoras de trenes, una de carbón, como las que existían en los tiempos de creación del barrio y otra de un tren de alta velocidad AVE, reflejo de los tiempos de colocación del azulejo.


jueves, 24 de mayo de 2018

El Huerto del Rey Moro.




Aunque situada en el barrio de San Julián, la calle Enladrillada está más unida a la parroquia de San Román,iglesia que pone fin a dicha calle por su extremo sur. El extremo norte, tras recorrer casi quinientos metros, está situado junto a la Plaza del Pelícano y muy cercana la la antigua iglesia de Santa Lucía.

Pues bien, hacia la mitad de esta calle, en el número 36, nos encontramos con un espacio abierto, un espacio verde con nombre propio: Huerto del Rey Moro. Veamos qué es y adentremonos en su reciente historia.


El Huerto del Rey Moro es, desde 2004, el mayor espacio público del Casco Histórico de Sevilla no urbanizado. Un espacio verde autogestionado por y para el disfrute y el esparcimiento de los vecinos del barrio, donde se permite la agricultura urbana.

Este solar es parte del terreno en el que se estableció el huerto de la Casa del Rey Moro, una construcción doméstica de fines del siglo XV y principios del siglo XVI. La tipología constructiva de la casa pertenece a un momento en que coinciden el gótico final y los inicios del renacimiento con una fuerte tradición islámica. El huerto, ubicado en las espaldas de la vivienda y con una superficie de unos 5.000 metros cuadrados aproximados, es hoy un enorme espacio abierto que conserva la misma funcionalidad histórica de zona verde y de explotación de la tierra. Un solar en el que, a través de la arqueología, ha quedado constatado su relación con la horticultura urbana desde el siglo XI hasta el siglo XVII.


Abandonadas durante los últimos siglos, casa y huerta se transformaron de acuerdo a las necesidades del vecindario. La primera se transforma en casa de vecinos y la segunda en lugar de abastecimiento de distintos productos hortofrutí­colas -higos, moras, ní­speros, limones, naranjas, etc- para los vecinos que cultivaron la huerta en épocas de necesidad.

Como solución a la degradación patente, y como medida de protección patrimonial, en 1985 se declara La Casa del Rey Moro como Bien de Interés Cultural (BIC), bajo la categorí­a de Monumento, y se define, además un entorno o espacio que gozarí­a de la misma protección que el inmueble, ya que cualquier alteración en él afectarí­a directamente a los valores propios del bien. Esta zona de reserva patrimonial comprende en extensión el Huerto del Rey Moro, el cual no puede ser entendido sin la casa, y la casa no puede ser explicada sin el Huerto.


La Asociación de Amigos de la Huerta del Rey Moro "La Noria", en febrero de 2004, inauguraron la ocupación del espacio para uso y disfrute del vecindario. Así­ los vecinos, en pro de su conservación y con una organización autogestionada, instalaron huertos colectivos con materiales reciclados. Desde entonces diversos colectivos los han mantenido.

En 2008 se llevó a cabo una intervención arqueológica de carácter preventiva, realizada por los arqueólogos D. Juan Luis Castro Fernández y D. Daniel Barragán Mallofret, cuyos resultados, tanto en la intervención como en la prospección geofí­sica, sacaron a la luz el potencial cientí­fico de los elementos arqueológicos documentados y detectados. 

La mayorí­a de las estructuras localizadas tienen una funcionalidad hidráulica y están sin duda relacionadas con el carácter hortofrutí­cola del espacio a lo largo de la historia. El estudio de los mismos de una manera profunda y sistemática aportarí­a, sin duda, información muy útil que nos permitiráí­a profundizar en el conocimiento histórico de este sector de la ciudad, así­ como su puesta en valor orientado al disfrute de los usuarios y vecinos del Huerto del Rey Moro.


miércoles, 23 de mayo de 2018

La casa del "encendedor" José Santizo Román.




Sobre la fachada del número 25 de la calle Peñuelas, en plena Plaza de San Román, nos encontramos con este azulejo recordándonos el lugar de la casa natal de Don José Santizo Román.

La historia comienza en 1878. En este año nace José Santizo Roldán, patriarca de una de las dinastías de encendedores de pasos más longeva y reconocida de nuestra Semana Santa. En la actualidad van ya por la quinta generación. Durante más de un siglo, han creado escuela a la hora de alumbrar una imagen y forman parte indisoluble de las hermandades sevillanas, en las que además han desempeñado otros roles, como sacristán, acólito y oficial de juntas.


Ahora un libro recoge por primera vez el legado de estos hombres de la caña. La saga de los Santizo (Editorial Jirones de Azul) es una publicación escrita por Miguel Ángel Santizo Rodríguez. Su autor, biznieto del primer Santizo encendedor, ha escrito la historia de esta emblemática familia, localizada en sus orígenes en la collación de San Román y la Puerta Osario:«Mi bisabuelo encendía las farolas del Centro y era sacristán de la capillita de San José. De la unión de ambas cosas, creó a principios de siglo pasado la figura del encendedor de pasos».

Es Santizo Roldán, quien con sus seis hijos, monta las primeras cuadrillas de encendedores y acólitos profesionales «abarcando todas las cofradías» en los años 30. Entre los llamados «Santizos destacados» hay que subrayar el nombre de Manuel Santizo García, nieto del fundador, exhermano mayor de Torreblanca y hasta hace unos años sacristán del santuario de los Gitanos, su hermandad de cuna. Manuel debutó con apenas 16 años: «El primer paso que encendí fue el del Señor de la Sentencia. Ya, de palio, el de la Virgen del Rocío en 1961», rememora «con añoranza» aquellos comienzos al lado de su padre Miguel, «un hombre poco hablador» del que nunca dejó de aprender: «Lo esencial es tener un buen pulso, porque si se mueve la mano, malo. Pero también influye una buena cerilla, el pabilo y el temido viento», explica mientras dice que en Semana Santa hay días que «coge la calle y no la suelta». 

Él y su hijo Miguel Ángel ha servido a muchas hermandades. Actualmente están en el Dulce Nombre de Bellavista, Torreblanca –su actual barrio de residencia, San Roque –de la que también son hermanos–, Polígono de San Pablo, San Esteban, San Bernardo, Carretería y la Soledad de San Lorenzo. 

De otro lado, la rama de la saga que parte del hermano de Manuel, José Santizo García y sus hijos José y Sergio, también aparece en la obra. A estos corresponde alumbrar los pasos de la Milagrosa, La Cena, la Estrella, la Redención,SanBenito, la Sed, el Baratillo, las Siete Palabras, los Negritos, la Esperanza de Triana, el Gran Poder, La O, el Cachorro y la Trinidad. 

martes, 22 de mayo de 2018

Monumento a la Evolución.




En el interior del recinto hospitalario Virgen Macarena, nos encontramos con este monumento forjado en bronce en una fundición de Camas, tal como indica una de las inscripciones a los pies del monumento, y realizado por el escultor y profesor en la Facultad de Bella Artes Jaime Gil Arévalo.
El monumento lleva el sugestivo título de "Monumento a la Evolución".

Para los que no conozcan la obra de Jaime Gil Arévalo, una pincelada les puede indicar su categoría. El Monumento al Toreo de la rotonda de Camas es obra suya, así como el Monumento a la Constitución de Dos Hermanas. Fue autor de exposiciones como "Las puertas del Infierno" que tanta repercusión tuvo en el mundo artístico, además de ser supervisor de los trabajos de restauración del Giraldillo.












lunes, 21 de mayo de 2018

La mano de Fátima en Sevilla.




Es muy común en los antiguos edificios del centro de nuestra ciudad encontrarse con aldabas en sus puertas como las que vemos en la foto. Se trata de la llamada Mano de Fátima, aunque también es conocida por su acepción árabe, jamsa.

Se trata de una mano de rasgos finos, con anillo o sin él, que sostiene lánguidamente un fruto, como si fuese a dejarlo caer en la mano que se dispone a llamar a la puerta. La simplificación de esta aldaba convirtió el fruto en una sencilla esfera. La mano metálica parece por tanto una mano amable, que al menos teóricamente avisa de la actitud acogedora de los moradores de la casa.

Pero hay quien confiere este uso al símbolo de la cultura popular árabe y judía sefardí, tratándose así de la mano de Fátima o jamsa, que significa “cinco”, en referencia a los cinco dedos de la mano, que representan los cinco pilares de la religión musulmana (la shahada o profesión de fe (شهادة [šahāda], la oración o azalá (صلاة [ṣalāt] cinco veces al día, la limosna o azaque (زَكاة [zakāt], el ayuno o sawm (صَوْم [ṣawm]) en el sagrado mes de Ramadán, y la peregrinación a la Meca al menos una vez en la vida).

Se explica su uso por la protección basada en la leyenda en la que se cuenta que estando Fátima, (la hija del profeta Muhammad) en su casa preparando la cena para su marido Alí, llegó éste con su segunda mujer inesperadamente, Fátima se sorprendió tanto que, dejó caer la mano en una olla de aceite hirviendo (dicen que se sintió celosa). Como consecuencia quedó lisiada de por vida y su padre escogió el símbolo de su mano para inmortalizar aquel suceso.

Es curioso que, en su origen, las casas musulmanas ponían dos aldabas diferentes en la puerta de la casa, una como la que vemos en la foto, a la izquierda de la puerta, que tocaban las mujeres cuando querían acceder al interior del edificio; y otra a la derecha, con forma fálica, para que la utilizaran los hombres. Los sonidos de ambas eran diferentes y se sabía cuando quería acceder un hombre o una mujer y, en función de esto, acudía un hombre o una mujer a abrir la puerta.

domingo, 20 de mayo de 2018

La bomba de la calle Mosqueta.




Cuando paseamos por la calle San Esteban en dirección al centro de la ciudad y alcanzamos la esquina de la calle Mosqueta nos encontramos con un insólito elemento encajado en la pared color albero de la fachada de ésta última.

De material metálico, ya oxidada por el tiempo, y suponemos que sin carga peligrosa, una bomba del siglo XIX (bala de cañón para ser más exacto) permanece a la vista de todos en recuerdo de una batalla reflejada en los anales de la historia como una brillante defensa de nuestra ciudad, se trata del bombardeo de Sevilla de 1843.


El General Espartero era un tipo de esos de quienes suele decirse que están curtidos en mil batallas, con especial predilección por la estopa contra los carlistas en el norte. Tanto se le agradecieron sus servicios, y tanto se los agradeció él a sí mismo, que acabó convirtiendo en una dictadura su cargo de regente durante la minoría de edad de Isabel II.

Reacción del respetable: subirse por las paredes. En Sevilla, la noche del 11 de junio, un grupo de ciudadanos desarmados vitoreando a la Constitución, a Isabel II y a las libertades fueron masacrados por la caballería. El Ayuntamiento, incapaz de apaciguar los ánimos, declaró a Sevilla en rebeldía contra el gobierno, «el más injusto y opresor», y organizó la defensa de la ciudad contra la diplomacia de la pólvora. 

Se hicieron obras de fortificación, acopio de armamento y municiones, la creación de dos batallones francos y el aumento de la Milicia Nacional, así como un hospital de campaña en San Telmo, en definitiva, todo lo que podía contribuir a la defensa de la ciudad.

El primero en llegar fue el general Van Halen, quien se entretuvo a bombazos contra Sevilla en una fecha del año 1843 que empezaba a hacerse fatídica: el 18 de julio. Enseguida se le unió Espartero con su división, dedicando toda la jornada del día 24 a convertir en escombros, a base de zambombazos, toda la zona este de la ciudad.

Testimonio de estos hechos es la granada incrustada en el muro de la casa situada en la esquina de la calle Mosqueta con San Esteban. Fueron 606 bombas y 900 balas.

Tras diversas vicisitudes, Espartero fue declarado traidor y huyó al extranjero, mientras que Sevilla, por su heroica defensa y en nombre de Isabel II, recibió el título de Invicta, representado por una corona de laurel. Y todo esto está inscrito en una pared, en esta que ven en las fotos cercana a la Puerta de Carmona.


martes, 10 de abril de 2018

La fuente dedicada a "Antonio el Sevillano".




Existe en la Macarena, entre la Avenida de Sánchez-Pizjuán y la Calle del Doctor Fedriani, una pequeña calle peatonal con nombre propio, "Antonio el Sevillano". Allí, en uno de sus extremos nos encontramos esta coqueta cuenta dedicada a este gran cantaor flamenco.

La fuente, tal como indica un texto escrito dentro de la fuente, fue levantada por D. Joaquín Sánchez Blanco el 1 de Septiembre de 1989.


Antonio Pérez Guerrero, cantaor payo, más conocido por el nombre artístico de "el Sevillano", nació en Sevilla (en la macarena calle Macasta) en el año de 1909 y murió en Alcalá de Guadaira en 1989. Destacó por sus fandangos personales y de estilo creativo propio, dándolos a conocer en el mundo del flamenco por los fandangos del Sevillano, que fue lo que más cantó por su grandeza de expresarlos.


Vivió en Alcalá de Guadaira desde los nueve años hasta que hizo el servicio militar, y allí aprendió a cantar junto a Joaquín el de la Paula, a quien consideraba su único maestro. Profesionalmente se inició en las reuniones de aficionados de la Alameda de Hércules.

Allí según sus relatos "había siempre ocho o diez cantaores, otras tantas bailaoras y cuatro o cinco guitarristas. Y había que cantar con tos, que ésa era la gracia. Y tirarse de fiesta toa la noche. Y el día. Y te daban cuatro o cinco duros y con eso tenías que vivir". 

Sobre sus fandangos manifestaba: "Yo hago tos los cantes y conozco tos los cantes. Aunque parece que lo que más ha quedao han sío mis fandangos. En mis fandangos lo difícil esté en el final. Hay que recortar, y decirlo tó en un momento. Mi cante es recortao, no se puede alargar".


Su discografía es muy extensa, sobre todo junto al guitarrista Niño Ricardo, y en ella da muestras de su amplio dominio de los cantes, pues aunque el 80 por ciento de sus grabaciones son de fandangos y bulerías, también hay cortes de alegrías, farrucas, estilos de ida y vuelta y soleá.

Pero casi toda su obra está descatalogada. Como su memoria. Porque Antonio Pérez Guerrero es otro maestro desdeñado en esta tierra de los olvidos.

jueves, 8 de marzo de 2018

Una glorieta dedicada a "Los del Río".



En el barrio de Bami, muy cercano al Estadio Benito Villamarín, existe una glorieta en la que convergen una avenida, una carretera y una calle.

A saber, la Avenida Manuel Siurot, la Carretera de Su Eminencia y la Calle Guadaira crean una isla de forma triangular que ha recibido el nombre de Glorieta de "Los del Río" (anteriormente Glorieta de Guadaira), en honor al célebre dúo de cantantes de la vecina localidad de Dos Hermanas.


La glorieta se situa también junto a la Residencia Universitaria Rector Estanislao Del Campo y al Instituto Heliópolis y es poco transitable al estar en el cruce de las tres vías anteriormente citadas y densas en tráfico rodado. Fue inaugurada en 2003 con motivo del 40 aniversario de las carreras profesionales de Antonio y Rafael.

En el centro podemos ver un monolito de granito gris con una placa de bronce con la imagen de los dos artistas mundialmente conocido. Dicha placa fue realizada por Santiago de Santiago.