viernes, 8 de agosto de 2014

jueves, 7 de agosto de 2014

La Iglesia de San Hermenegildo (7): El acceso a las cárceles.



A los pies de la iglesia y flanqueadas por los altares de la Virgen y San Fernando, nos encontramos con un apuerta que da a cceso a las antiguas cárceles, lugar donde se supone que sufrió su martirio San Hermanegildo.


Una placa así lo atestigua. Esta placa está acompañada por dos óleos donde se ve al santo, en uno, apareciéndosele la Virgen, y, en otro, abrazando a Jesús en la cruz.





miércoles, 6 de agosto de 2014

La Iglesia de San Hermenegildo (6): Altar de la Virgen.



Frente al altar de San Fernando podemos ver este altar cuya figura central es la Virgen con el niño en brazos. Está acompañada por San Bernardo y por San Felipe Neri.


martes, 5 de agosto de 2014

La Iglesia de San Hermenegildo (5): Altar de San Fernando.



Sobre la misma pared lateral que el anterior, pero situado en un punto más lejano del Altar Mayor, nos encontramos con este altar dedicado a San Fernando, el patrón de nuestra ciudad.

lunes, 4 de agosto de 2014

La Iglesia de San Hermenegildo (4): Altar de San Juan Nepomuceno.



Apoyado sobre la pared de la izquierda de la nave de la iglesia nos encontramos con dos altares pequeños. El más cercano al Altar Mayor es éste que tiene las imágenes de San Juan Nepomuceno a la izquierda, San Antonio Abad en el centro y San Francisco Javier a la derecha.



domingo, 3 de agosto de 2014

La Iglesia de San Hermenegildo (3): el Altar Mayor.



El retablo mayor, en madera de roble en su color, tiene tres cuerpos con ornamentación pictórica, relacionada con el estilo de Alonso Vázquez y en él destaca una elegante escultura del Santo Titular, en madera policromada, cuya prestancia y buena calidad hicieron atribuirla gratuitamente a Montañés.












sábado, 2 de agosto de 2014

La Iglesia de San Hermenegildo (2): La fachada.




La Iglesia de San Hermenegildo es del siglo XVII, en cuyo interior subsiste una pequeña capilla donde la tradición asegura que este Santo sufrió prisión. No sólo cuidó su Hermandad del culto en su capilla, sino que fundo un hospital dedicado al Santo Rey, que estuvo en la collación de San Julián, calle del Azofaifo.
Cuando en 1787 tuvo lugar la reducción de hospitales, este de San Hermenegildo quedó en poder de su Hermandad, y de él labraron dos casas para su renta. Atraidos por la santidad del sitio, algunos sacerdotes y devotos se instalaron allí, entregados a una vida de penitencia como anacoretas, y tanto aumentó su número que el Duque de Alcalá (Hermano Mayor y protector de la Hermandad, alcalde perpetuo de todas las torres de las murallas de Sevilla) concedió espacio dentro de dichas torres para ampliar las celdas.


Con todo y con eso el acomodo resultaba insuficiente, pues hubo de edificarse nueva capilla, para lo cual el Municipio otorgó el terreno solicitado, por auto del año 1606. Alma de dichos trabajos fue el V. P. Cristóbal Suárez de Ribera (a quien por esta acción sepultaron en la nueva capilla mayor y en ella pusieron su retrato, hoy en el Museo de bellas Artes, que algunos estiman ser obra juvenil de Velásquez).
El templo se estrenó con la mayor solemnidad en 1616, invirtiéndose en la hechura más de 20.000 ducados. Por otra parte consta que la Hermandad de San Hermenegildo estuvo primeramente agregada a la Sacramental de San Julián, hasta que en 1598 se trasladó a este sitio, a instancias del referido Cristóbal Suárez.
En el exterior hay una lápida en latín que significa: “Oh tú, cualquiera que pasa venera rendido este lugar, consagrado con la sangre del Rey Hermenegildo”.


viernes, 1 de agosto de 2014

La Iglesia de San Hermenegildo (1): la Puerta de Córdoba.




El hallazgo de una inscripción de 1871 en el Registro Único de la Propiedad de Sevilla reconoce como propietaria de pleno dominio de la Puerta-Torre de Córdoba a la más de siete y media veces centenaria Hermandad de San Hermenegildo.
Esta Hermandad, ligada desde su fundación en 1248 y en la Reconquista de San Fernando, al visigodo católico San Hermenegildo, a su sacrificio, y al lugar en el que fue encarcelado y muy posiblemente ejecutado por orden de su propio padre por defender la fe a la que se había convertido cuida desde hace siglos de este lugar sagrado.
Para conocer la historia de esta iglesia es imprescindible adentrarse en la Puerta de Córdoba acompañados de la biografía de San Hermenegildo, nacido en el año 564 en Sevilla, según algunos historiadores. Estamos en la España visigótica regida por el acérrimo arriano Leovigildo, casado con la católica Teodosia, hermana de San Isidoro, San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina, con la que tuvo dos hijos: Hermenegildo y Recaredo antes de enviudar y volver a contraer matrimonio con Gosvinda, arriana también, que según el Papa San Gregorio, fue la causante de una de las persecuciones más virulentas contra los católicos.


El matrimonio de Hermenegildo con la princesa católica Ingunda, su envío a Sevilla como corregente de la Bética y la catequética influencia de su tío San Leandro fueron vitales para que adjurase del arrianismo y recibiera el bautismo católico, consiguiendo, a la vez, el apoyo de los hispanorromanos católicos de Sevilla. Hecho que desencadenó la ira de su padre, que intentó que Hermenegildo apostatase de su nueva fe y asedió la ciudad durante dos años hasta que apresó a su hijo, que encarceló en el espacio que hoy es la torre de la Puerta de Córdoba de las primeras murallas romanas.


Hoy, en este torreón superviviente, el pequeño oratorio de dos metros de largo por uno de ancho y dos de alto, con magnífico artesonado mudéjar que conserva sus colores rojos, azules y oro... recuerda la devoción que se le tuvo a San Hermenegildo en Sevilla. Esta joya de capillita se hizo sobre el calabozo del centro de la torre, «en cuya estrecha concavidad igualmente se admira y se conserva la espantosa cárcel y rigurosa prisión de nuestro Santo Rey», recogen las Reglas y estatutos de la Hermandad, presentadas el 24 de marzo de 1687 al Rey Carlos IV, para actualizar las anteriores.
En ese ínfimo reducto, que queda ahora para la investigación de expertos e investigadores, bien pudo recibir el martirio San Hermenegildo tras negarse a recibir la comunión de manos de un obispo arriano el 13 de abril del año 585. Ahí pudo elevar la cruz con la que aparece en su iconografía mientras sufría el «golpe con la hacheta o segur que descargó sobre su sagrada cabeza el malvado capitán Sigisverto».

domingo, 20 de julio de 2014

La tumba de los 61 soldados.



En el cementerio de San Fernando reposa una gran parte de la historia de nuestra ciudad. Tal como se entra al mismo nos encontramos a la izquierda un pasillo entre setos que nos lleva directamente a un pedestal como el que vemos en la foto coronado por una columna y una cruz.
En el frontal del pedestal nos encontramos con la inscripción donde se resalta el valor heróico de 61 soldados que murieron en Sevilla, ciudad a la que llegaron moribundos a causa de las heridas sufridas en la guerra de África en la guerra contra los moros.
En las otras tres caras del pedestal están cincelados en mármol el nombre de cada uno de ellos.


La Guerra de África o Primera Guerra de Marruecos fue el conflicto bélico que enfrentó a España con el sultanato de Marruecos entre 1859 y 1860, durante el período de los Gobiernos de la Unión Liberal del reinado de Isabel II de España.
Desde 1840, las ciudades españolas de Ceuta y Melilla sufrían constantes incursiones por parte de grupos marroquíes de la región del Rif. A ello se unía el acoso a las tropas destacadas en distintos puntos, sobre todo en 1844, 1845, 1848 y 1854. Las acciones eran inmediatamente contestadas por el ejército, pero al internarse en territorio marroquí los agresores ponían emboscadas. La situación volvía a repetirse de forma habitual.


En 1859 el gobierno de la Unión Liberal, presidido por su líder el general Leopoldo O'Donnell, firmó un acuerdo diplomático con el sultán de Marruecos que afectaba a las plazas de soberanía española de Melilla, Alhucemas y Vélez de la Gomera, pero no a Ceuta. 
Entonces el gobierno español decidió realizar obras de fortificación en torno a esta última ciudad, lo que fue considerado por Marruecos como una provocación.
Cuando en agosto de 1859 un grupo de rifeños atacó a un destacamento español que custodiaba las reparaciones en diversos fortines de Ceuta, Leopoldo O'Donnell, Presidente del Gobierno en aquel momento, exigió al sultán de Marruecos un castigo ejemplar para los agresores. Sin embargo, esto no sucedió. Razón suficiente para que el gobierno español decidiera invadir el sultanato de Marruecos.