Desde la calle Castellar, la torre de la iglesia de San Marcos se alza majestuosa entre las fachadas de las viviendas, iluminada por esa cálida luz dorada que realza la belleza de su arquitectura mudéjar. Pero esta pasada noche la verdadera protagonista era la luna.
En la primera fotografía aparece suspendida sobre el campanario, con la cruz de la torre recortándose sobre su luminosidad. En la segunda, tomada con un encuadre más cercano, la luna parece haberse introducido en uno de los vanos de la torre, como si formara parte de su arquitectura.
El contraste entre el blanco intenso de la luna, el azul profundo del cielo y los tonos dorados del ladrillo crea una escena de singular belleza.


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