viernes, 4 de abril de 2025

Inauguración de las obras de la Maestranza.

 


PRINCIPIO LA OBRA DE LAS GRADAS DESCUBIERTAS
DE ESTÁ PLAZA EL DIA 3 DE ENERO DE 1914, Y
CONCLUYO EL DIA 1 DE MARZO-DEL AÑO SIGUIENTE
SIENDO TENIENTE DE HERMANO MAYOR

EL EXCMO SR. DON JUAN PEREZ DE GUZMÁN

DUQUE DE T'SERCLAES Y SECRETARIO EL SR

DON RICARDO DE ROXAS MARQUES DE

TABLANTES. CONDE DEL SACRO IMPERIO.



En el año 1914 comenzaron unas obras en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería en la que se pretendía realizar la sustitución del antiguo tendido por uno nuevo de ladrillo visto. Esta obra significó una nueva reducción del ruedo, la desaparición del palco de madera que antecedía al del Príncipe y la colocación de la espléndida reja proveniente del convento de Regina Angelorum. Estas obras fueron llevadas a cabo por José Sáez y López y Aníbal González. Las obras duraron un año y para dejar constancia de tal hecho se colocó este azulejo en el callejón de la Puerta del Príncipe.

Don Juan Pérez de Guzmán y Boza (Jerez de los Caballeros, 7 de abril de 1852 - San Sebastián, 12 de febrero de 1934) fue un bibliófilo, escritor, político, historiador español, miembro de la Real Academia de la Historia. Ostentó el título nobiliario de II Duque de T'serclaes de Tilly. Fue grande de España (1881) y caballero profeso de la Orden de Alcántara (1898) y de la Orden de San Juan de Malta, teniente de hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y decano y vocal del Consejo y Diputación Permanente de la Grandeza de España.

martes, 1 de abril de 2025

La Iglesia de Santa Catalina (22): la Capilla Sacramental (3). La Bóveda de la Capilla.

 

La Hermandad Sacramental de Santa Catalina, deseosa de erigir una Capilla del Sagrario más amplia que la que poseía (la actual capilla que acoge a Ntra. Sra. del Rosario), solicitó en 1721 al Ayuntamiento la cesión de un terreno adyacente a la cabecera del templo parroquial de Santa Catalina. Concedida la petición con inmediatez, ese mismo año se iniciaron las obras, bajo la dirección del insigne arquitecto Leonardo de Figueroa, auxiliado por sus hijos Matías y Ambrosio.

En lo referente a cantería y albañilería, las obras se prolongaron hasta 1736. Otros artífices que intervinieron en el proceso constructivo, tras la muerte de Leonardo en 1730, fueron el albañil Juan Serrano (1732-1734) y los canteros Fernando Jordán, quien se encargó del pavimento, y Miguel Quintana, que realizó el zócalo de jaspes rojos y negros.

Los paramentos, bóvedas e intradós de la linterna se enriquecen con yeserías estofadas que se alternan con aplicaciones en madera dorada, llevadas a cabo en 1730 por Pablo Guisado.


Más tarde, en 1757 se acordó la culminación de los estofados y decoración pictórica de la capilla, encomendando el trabajo a Pedro Tortolero. Sin embargo, su fallecimiento propició que la labor recayese en su más directo colaborador, Vicente Alanís. 

La bóveda del primer tramo de la capilla es su elemento más identificativo por su efectismo barroco. Durante las labores de restauración se detectaron señales de cambios en el proyecto, como yeserías que finalmente quedaron sustituidas por las pinturas de Alanís, en las que se representan a un coro de ángeles músicos en el anillo que rodea el espacio abierto de la linterna, los Evangelistas, los Padres de la Iglesia y cuatro grupos de ángeles con símbolos eucarísticos en el interior de cartelas. 

Se desconoce si llegó a policromar las yeserías, en las que destaca la representación de querubines y serafines y el rompimiento de gloria de la linterna donde alterna nubes, ángeles y rayos dotados de espejos con un acentuado dinamismo. 

Se han descubierto inscripciones en algunas yeserías que datan su ejecución en 1767, quedando firmadas por Francisco de los Reyes y Orazal.


Las pinturas murales se deben a José García en 1730, mientras que Pedro Duque Cornejo fue el autor en 1733 de los cuatro ovalados con figuras de ángeles que se alojan en la bóveda del presbiterio.








La cúpula se eleva sobre un tambor octogonal, que cuenta con ventanas que permiten la entrada de luz natural al interior de la capilla. El revestimiento exterior de la cúpula presenta una decoración en barro cocido con aplicaciones cerámicas, una técnica típica de la arquitectura sevillana. Estos adornos, que recubren jambas, pilastras y ventanales, fueron modelados por Juan Moreno y Juan Isidoro Ramos, este último padre del famoso imaginero Cristóbal Ramos.

La cúpula está coronada por una airosa linterna, también de planta octogonal, que no solo cumple una función decorativa sino que también permite la entrada de luz adicional al interior de la capilla. Esta linterna está rematada por una escultura alegórica de la Fe, obra del escultor Miguel Quintana, realizada en 1724.

La figura de la Fe, sosteniendo probablemente un cáliz o una cruz, se yergue como un símbolo visible de la función sacramental de la capilla y como un punto focal que atrae la mirada hacia el cielo, reforzando el simbolismo ascensional de la cúpula.