miércoles, 2 de septiembre de 2020

Las pinturas de la Capilla Gótica del Alcázar.

 

En la Capilla del Palacio Gótico del Alcázar tenemos una de las escasas muestras de arte bizantino de nuestra ciudad: la imagen de la Virgen de la Antigua, copia de un original que está actualmente en la catedral metropolitana. El retablo es obra de Diego Castillejo.

En Sevilla hay otras dos tablas de estilo bizantino y una de ellas ya las hemos visto en este blog, nos referimos a la Virgen del Coral de la Iglesia de San Ildefonso; para amantes del arte bizantino también pueden ver la Virgen de Rocamador de la Parroquia de San Lorenzo.

Pero centrémonos en lo que nos abarca en este post, la Capilla del Palacio Gótico del Alcázar. Allí junto a la Virgen de la Antigua existen otras seis obras pictóricas que se realizaron en los siglos XVII y XVIII por diversos autores.

En el muro del evangelio tenemos, por este orden desde el presbiterio al coro, a una representación de la Virgen Celestial, la Adoración del Niño y una representación de Cristo como sacerdote. 

En el muro de la epístola tenemos a la Virgen de los Reyes entre San Hermenegildo y San Fernando, una representación de la Trinidad y el Bautizo de Jesús.









martes, 1 de septiembre de 2020

Un azulejo de Santa Justa y Rufina.

 


Uno de los pequeños detalles que nos podemos encontrar callejeando por Sevilla y que, para muchos, nos pasan desapercibidos. Este azulejo, datado en el año 1770 está colocado sobre la fachada del número 16 de la céntrica calle Argote de Molina, más conocida por Cuesta del Bacalao.

En ella se representa a nuestras Santas Patronas: Santa Justa y Santa Rufina adornada como exigen los cánones de la representación religiosa y separadas por la imagen de la Giralda.

Se ve que esta fachada se ha restaurado y hay que agradecer al autor de la misma el hecho de observar este testimonio de la historia de nuestra ciudad.

lunes, 31 de agosto de 2020

La curiosa fecha del Alcázar del Rey Don Pedro.

 



En la fachada del Palacio del Rey Don Pedro del Alcázar sevillano hay una inscripción con letras góticas que dice lo siguiente:

"El muy alto et muy noble et muy poderoso et muy conqueridor don Pedro por la gracia de Dios rey de Castilla et de León, mandó fazer estos alcázares et estos palacios et estas portadas que fue hecho en la era de mill et quatro cientos y dos años".

Este texto nos es más que un intento del Rey Don Pedro por mostrar su legitimación por dios de su condición de Rey, algo que ha sido muy común en todas las civilizaciones y en la cristiana no iba a ser menos.



Pero quiero hacer aquí una pausa y fijarnos en la fecha que indica la grafía gótica: 1402. 

Conocemos que el Rey don Pedro nació en 1334 en Burgos y murió en Montiel en 1369. Su reinado duró 19 años, desde 1350 hasta su asesinato a manos de su hermanastro Enrique de Trastámara en la fecha indicada.

También conocemos que la construcción del Palacio mudéjar del Alcázar duró diez años y comenzó en 1356, entonces nos surge la pregunta ¿cómo es posible que la inscripción indique la fecha de 1402 como fecha de fin de las obras?

Esto, según los estudiosos de la historia del Alcázar y del propio Rey Don Pedro, es debido a que esta fecha de 1402 corresponde a la era llamada “española” o “Era del César”, que empieza en el año 38 antes de J.C. Equivaldría, entonces, al año 1364 de la era cristiana.

Aún así, la fecha indicada es dos años anterior a la finalización completa del palacio, así que no es exacta con este dato, pero sí puede ser la fecha en que se colocó esta laudatoria divina sobre la fachada mudéjar.

sábado, 29 de agosto de 2020

La penumbra de la Calle Judería.

 


Noche de calor y sombras en Sevilla. El barrio de Santa Cruz se muestra irreconocible a nuestros ojos, con sus callejuelas abandonadas de las hordas de turistas que en otros momentos hubieran pululado por sus piedras, ladrillos y adoquines. 

Sólo algunas sombras nos ayudan a dar vida a esta foto de la estrecha calle Judería cuyas paredes blanca y albero enmarca una de las torres de la muralla del Alcázar y a la palmera iluminada del Patio de la Alcubilla.

viernes, 28 de agosto de 2020

El Monumento a la Inmaculada Concepción visto través de las cadenas del Archivo de Indias.

 


Nunca como ahora se había visto Sevilla desprovisto de turistas y viajeros que deambulen por nuestras calles. De día algún grupo se ve en los monumentos más representativos, de noche la soledad del centro histórico es casi absoluto. 

Estas circunstancias nos han permitido tomar esta foto del Monumento a la Inmaculada Concepción prácticamente vacía y hemos podido jugar con este original marco de las cadenas que rodean el monumental Archivo de Indias.

martes, 11 de agosto de 2020

El monumento a Catalina de Ribera.




Estamos en la antigua Huerta del Retiro, parte integrante de los primitivos jardines del Alcázar sevillano. Hace poco más de siglo y medio, Patronato Nacional, propietario del recinto real, tuvo a bien ceder parte de esos jardines a la ciudad para uso y deleite de sus conciudadanos. 

Éstos, a falta de nombre oficial, desecharon el nombre de huerta y tomaron el más romántico de paseo, apellidando al lugar como "Paseo del pino", en razón a un gran árbol de esta especie que sobresalía en el lugar. 

Con el paso del tiempo y en función a la cantidad de señoras mayores que paseaban por sus caminos tomó el apelativo de "Paseo de los lutos", no hay más explicaciones que dar porque el sobrenombre lo describe todo.


Pero la historia no termina aquí porque el paseo sufriría un enorme cambio a principios del siglo XX cuando la casa consistorial encargó un proyecto al arquitecto Antonio Gómez Millán que después fue desarrollado por Juan Talavera y Heredia. Unos años antes, en 1895, el nombre de Paseo del pino fue canjeado por la nomenclatura de Paseo de Catalina de Ribera.


Catalina de Ribera fue una mujer de origen nobiliario que vivió a finales del siglo XV y principios del XVI. Hija del III Adelantado Mayor de Andalucía Per Afán de Rivera y Portocarrero y esposa del IV Adelantado Mayor de Andalucía Pedro Enríquez de Quiñones. Fue la XVII Señora de la Casa de los Riberas y ostentó el título de IV Condesa de los Molares.


De sus riquezas habla el hecho de que, junto a su esposo, compró el Palacio de Dueñas y posteriormente construyó la Casa de Pilatos, dos de los palacios más emblemáticos de nuestra ciudad.

Viuda desde 1492, funda en 1500 con su hijo Fadrique el Hospital de las Cinco Llagas tras obtener la bula pontificia que le permite crear un hospital de caridad para los pobres.



Catalina de Ribera falleció en Sevilla, el 13 de enero de 1505. Sus restos reposaron durante muchos años, junto a los de su esposo, en el Panteón de Sevillanos Ilustres de la iglesia de la Anunciación en un monumental sepulcro obra de Aprile de Carona y Pacce Gazzini.

Su sepulcro forma parte de los dos panteones del siglo XVI que se disponen en lugares opuestos y que hoy se encuentran en el monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas junto a los de otros miembros de esta misma familia.


El monumento de Catalina de Ribera se construyó sobre la pared de la muralla del Alcázar. 

Es una obra de obra de Juan Talavera que se inspira en elementos platerescos del Alcázar y aprovecha los restos de la fuente del siglo XVI. Lo preside el retrato de Doña Catalina en azulejos de Manuel de la Cuesta y Ramos, acompañado de frescos de Francisco Maireles en las figuras laterales.


El monumento consta de varios elementos. 

En el segundo cuerpo hay un fresco con un escudo de la ciudad. 

En el centro del primer cuerpo hay un mural de azulejos realizado por Manuel de la Cuesta y Ramos con un retrato de Catalina y, a ambos lados, un par de frescos de Francisco Maireles​ con figuras humanas alegóricas que representan la fundación de aquel hospital. 

Debajo del retrato de Catalina hay una losa pétrea con un texto y, bajo esta, hay un bajorrelieve con dos seres mitológicos sosteniendo un jarrón con frutas.


El bajorrelieve se encontraba en una fuente del siglo XVI. En el siglo XVIII esta fuente se colocó en la Plaza del Pumarejo, creada por el caballero veinticuatro Pedro Pumarejo. Se mantuvo en dicha plaza hasta el siglo XIX, cuando se colocó en el asilo de niños Toribios, lugar donde permaneció hasta 1921 en que fue trasladado a la fuente del monumento a Catalina de Ribera.





sábado, 29 de febrero de 2020

Homenaje a Fernando "el de Triana".





Sobre la fachada del número 114 de la trianera calle Pureza podemos ver este azulejo dedicado a uno de los ahijados más insignes y queridos del popular barrio del arrabal: Fernando Rodríguez Gómez, al que todos conocían por su nombre seguido del de su barrio de adopción, Fernando "el de Triana".

Fue conocido como el Decano del Cante Jondo y su potente voz, brusca, enérgica y profunda, daba un aire trágico a sus solemnes malagueñas, las seguiriyas, soleás, tarantas y fandangos. El barrio sevillano de Triana fue el espacio donde se desarrolló su trayectoria inicial como artista con gran éxito.

Formó compañía propia y no solo cantó y tocó la guitarra con maestría, sino que fue conferenciante y divulgador del flamenco. Durante un tiempo se estableció en Nador (Marruecos), donde tuvo un restaurante y, más tarde, volvió a Andalucía, Coria del Río.
Fernando, además de un cantaor importante de su tiempo (1867-1940), también fue el primer cantaor de la historia del flamenco que se atrevió a escribir un libro sobre su arte, "Arte y artistas flamencos" (1935), una obra verdaderamente fundamental por la gran cantidad de datos biográficos que aporta sobre muchos artistas de su tiempo, además de un material fotográfico de incalculable valor.

En ese libro Fernando apenas da apuntes sobre su dilatada carrera y ocultó importantes episodios de su vida, entre otros, el verdadero lugar de su nacimiento, que escondió porque, criado en Triana, siempre dio a entender que era nacido en el barrio e hijo de “un pobre herrero y romaní de Triana”, algo que no es cierto. Ni nació en Triana ni era hijo de un herrero romaní. Y, desde luego, por sus venas no corría sangre gitana. 

Fernando era hijo de un sevillano, Joaquín Rodríguez Jiménez, y de una trianera, Ana Gómez Pérez, la hija de Fernando Gómez El Cachinero. Sus padres se casaron a principios de los 60 del siglo XIX y tuvieron a su primer hijo, Joaquín, en la calle Pópulo, en 1864. Esta calle está más o menos detrás de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Sevilla. Al poco tiempo el matrimonio se trasladó a la calle Pozo, en el célebre barrio de San Luis, cerca de la Macarena, donde vino al mundo Fernando el día 15 de abril de 1867. Concretamente en el número 2 de esta calle. Así que Fernando el de Triana era macareno.

Era el gran secreto de Fernando, que llegó a Triana siendo un niño, donde nacieron sus dos hermanas, Rosario y María del Carmen, concretamente en la calle Verbena. Más tarde habitaría en dos domicilios de la calle Pureza.

No nació en Triana, pero siempre será Fernando el de Triana, un artista polifacético que murió en la localidad sevillana de Camas poco después de la Guerra Civil, en la miseria, en su taberna La Sonanta, el día 7 de septiembre de 1940.