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miércoles, 15 de diciembre de 2010

El Mesón de los Catalanes.



A la reconquista de Sevilla, en el año 1248, vinieron con el Rey San Fernando un centenar de almogávares catalanes al mando del almocadén o jefe apellidado Monsalve. Tras la victoria, éstos se quedaron después a vivir en Camas y en Coria del Río, adonde el rey les dio tierras de labranza, viñas y huertas, para que poblando el terreno impidieran que los moros intentasen recobrar Sevilla.
Después de 1248 se establece una gran corriente comercial entre Barcelona y Sevilla, tanto que ,Sancho IV, hijo de Alfonso X “El Sabio” y nieto de San Fernando, por una cedula de 25 de Agosto de 1284 concede a los catalanes, un barrio propio, que se situó entre la calle Francos y la plaza de la Catedral, y entre sus privilegios figuraba el de tener consulado.
Sin embargo, pasando los años, el número de importadores, armadores de barco, mayoristas y armadores catalanes era ya tan crecido que, no siendo suficiente tal barrio, se les concedió en 1362 otra calle, situado al costado del convento de San Francisco, desde la calle Sierpe hasta la Pajarería (hoy calle Zaragoza). Dicha calle recibiría el nombre de la calle Catalanes.
Doce años más tarde, en 1385 Don Juan concede a los catalanes que, además de la carnicería (privilegio muy notable en aquella época), puedan establecer un “Mesón y Horno”.


Es, en virtud de esta concesión, por lo que se funda el Horno de los Catalanes, en la esquina de la calle Catalanes con la calle de la Parida, (creemos que el nombre de esta calleja deriva de un retablo de la Virgen, en su advocación del buen parto). Esta calleja es la que hoy se llama Teniente Vargas Zúñiga.
Desaparecido el consulado de los catalanes, la propiedad del Horno paso al Hospital de San Pedro Mártir, a principios del siglo XVI, pero ,por la reducción de hospitales decretada por el Arzobispo don Rodrigo de Castro en 1587, la propiedad pasó a integrarse en el patrimonio del Hospital del Amor de Dios.
En el siglo XVII –año 1605-, doña Isabel de Ciria, viuda de Andrés Corso de Casaluche, compró una casa en la calle Catalanes, para constituir en ellas, de nueva planta, un colegio y un convento de Franciscanos, con él titulo de Colegio de San Buenaventura, al que el Papa Gregorio XI otorgó estatutos de Casa de Estudios (casi Universidad).
Por estar el Horno de la Parida, situado al nuevo convento, paso a llamarse Horno de San Buenaventura, y el callejón de la Parida, Callejón de San Buenaventura.
En 1800 y por la primera de las leyes de desamortización de bienes de la iglesia, el Hospital del Amor de Dios vendió el edificio del Horno de San Buenaventura a don Diego Gregorio Vázquez, por escritura otorgada en la escribanía de don Juan Montero.
Más tarde, y también a merced a nuevas leyes desamortizadoras, promulgadas en 1843, se pudo ampliar el edificio del Horno San Buenaventura, agrandándole unas casas colindantes que eran propiedad del convento de Santa Maria la Real.
El 5 de Mayo de 1854 es vendido el Horno a Don José Rojas. Este fue él último propietario del edificio que no fuera al mismo tiempo el industrial del negocio.
En realidad la explotación del Horno había sido siempre independiente de la propiedad del edificio. Entre los maestros panaderos y de “Bollería Fina” que tuvieron el Horno hemos de contar a la familia Gordillo en el siglo XVII y que debió llegar hasta el XIX, en el que encontramos a Francisco Alcázar y Robles, el cual consiguió la propiedad del edificio en 1860, y cuatro años más tarde lo vendió a Eduardo Nieto Chamorro.
Este fue un autentico capitán de empresa. Pues en poco tiempo consiguió dominar prácticamente el ramo de panadería de Sevilla, con nada menos que ocho Hornos.


Al lado de Eduardo Nieto Chamorro trabajaron sus hijos y sobrinos, quienes recibieron en herencia los diversos Hornos. A su hija Pilar correspondió el Horno San Buenaventura ya entrado el siglo actual heredándolo después sus hijos, los señores Santigosa Nieto.
Mientras tanto la calle ha cambiado de nombre en el siglo XIX dejo el de Catalanes para llamarse Albareda, correspondiendo al Horno de San Buenaventura el número 50.
Hoy la Calle lleva el nombre de "Carlos Cañal".
Esta es la historia de este Horno de San Buenaventura, fundado a finales del siglo 1385, y que con sus seis siglos de historia, tan entramada a la historia de Sevilla es probablemente el más antiguo de Europa.

Historia reflejada por Don José Maria de Mena, Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia.


In Seville there is the most ancient bread oven in Europe. It is called "San Buenaventura's Oven" and the building is placed in current "Carlos Cañal Street".
Its history was born in 1385 when the King Don Juan grants to the neighborhood of the Catalans the possibility of installing "Inn and oven".
This oven has been happening for many properties during all his history, but his value is in that, after six centuries of history, it still continues working.