domingo, 21 de agosto de 2016

La Calle Justino de Neve.




Entre la Plaza de los Venerabes y el Callejón del agua nos encontramos con un estrecha calle de poco más de cincuenta metros de larga. Es la Calle Justino de Neve, el canónigo de la Catedral recordado por su amistad con el gran pintor Bartolomé Esteban Murillo y por ser, entre otras muchas cosas, el impulsor de la creación del Hospital de los Venerables.


 Allí, en una de sus esquinas podemos ver un azulejo donde se recuerda su buenhacer y el hecho de que fijara su residencia personal en aquel lugar, en aquella casa desde donde podía hacer seguimiento a los trabajos de construcción del hospicio para los venerable sacerdotes.


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