viernes, 1 de agosto de 2014

La Iglesia de San Hermenegildo (1): la Puerta de Córdoba.




El hallazgo de una inscripción de 1871 en el Registro Único de la Propiedad de Sevilla reconoce como propietaria de pleno dominio de la Puerta-Torre de Córdoba a la más de siete y media veces centenaria Hermandad de San Hermenegildo.
Esta Hermandad, ligada desde su fundación en 1248 y en la Reconquista de San Fernando, al visigodo católico San Hermenegildo, a su sacrificio, y al lugar en el que fue encarcelado y muy posiblemente ejecutado por orden de su propio padre por defender la fe a la que se había convertido cuida desde hace siglos de este lugar sagrado.
Para conocer la historia de esta iglesia es imprescindible adentrarse en la Puerta de Córdoba acompañados de la biografía de San Hermenegildo, nacido en el año 564 en Sevilla, según algunos historiadores. Estamos en la España visigótica regida por el acérrimo arriano Leovigildo, casado con la católica Teodosia, hermana de San Isidoro, San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina, con la que tuvo dos hijos: Hermenegildo y Recaredo antes de enviudar y volver a contraer matrimonio con Gosvinda, arriana también, que según el Papa San Gregorio, fue la causante de una de las persecuciones más virulentas contra los católicos.


El matrimonio de Hermenegildo con la princesa católica Ingunda, su envío a Sevilla como corregente de la Bética y la catequética influencia de su tío San Leandro fueron vitales para que adjurase del arrianismo y recibiera el bautismo católico, consiguiendo, a la vez, el apoyo de los hispanorromanos católicos de Sevilla. Hecho que desencadenó la ira de su padre, que intentó que Hermenegildo apostatase de su nueva fe y asedió la ciudad durante dos años hasta que apresó a su hijo, que encarceló en el espacio que hoy es la torre de la Puerta de Córdoba de las primeras murallas romanas.


Hoy, en este torreón superviviente, el pequeño oratorio de dos metros de largo por uno de ancho y dos de alto, con magnífico artesonado mudéjar que conserva sus colores rojos, azules y oro... recuerda la devoción que se le tuvo a San Hermenegildo en Sevilla. Esta joya de capillita se hizo sobre el calabozo del centro de la torre, «en cuya estrecha concavidad igualmente se admira y se conserva la espantosa cárcel y rigurosa prisión de nuestro Santo Rey», recogen las Reglas y estatutos de la Hermandad, presentadas el 24 de marzo de 1687 al Rey Carlos IV, para actualizar las anteriores.
En ese ínfimo reducto, que queda ahora para la investigación de expertos e investigadores, bien pudo recibir el martirio San Hermenegildo tras negarse a recibir la comunión de manos de un obispo arriano el 13 de abril del año 585. Ahí pudo elevar la cruz con la que aparece en su iconografía mientras sufría el «golpe con la hacheta o segur que descargó sobre su sagrada cabeza el malvado capitán Sigisverto».

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