martes, 1 de octubre de 2013

Iglesia de Santa María la Blanca (6): el Retablo Mayor.



El Retablo Mayor de la Iglesia de Santa María la Blanca es de estilo barroco, realizado en la segunda mitad del siglo XVII (sobre 1660). Ocupa por completo la pared del presbiterio y en su centro podemos admirar la imagen de  Nuestra Señora de las Nieves, en 1832.
Aunque hay dudas, tradicionalmente se viene atribuyendo la actual imagen, de candelero, con ojos de cristal y pelo natural, a Juan de Astorga (1777-1849). En la fecha de restauración de 1791, el imaginero tenía 14 años. Lo cierto es que la talla fue sustituida por otra en 5 de agosto de 1864, debido a su deterioro. Hacía quince años que había fallecido Astorga.


Santa María la Blanca es uno de los primeros en los que se emplearon las columnas salomónicas en esta ciudad. Sus orígenes se remontan a 1657.
El 23 de julio de ese año, el canónigo Justino de Neve, en calidad de Visitador de capillas, notificó al Cabildo catedral que había recaudado limosnas para su realización. A partir de entonces se inició su ejecución, paralelamente a la construcción de la capilla mayor, que trazó sin duda Pedro Sánchez Falconete. El 31 de agosto se contrató al maestro entallador y arquitecto Martín Moreno, el mismo artífice que había realizado el coro de esta iglesia el año anterior. 
El contrato del retablo lo suscribió, junto con el ensamblador, Justino de Neve. La obra, en madera de borne y cedro, debía estar acabada a fines de julio de 1658, por la que percibiría 14.000 reales de plata.
El resultado fue un espléndido retablo barroco, que consta, de abajo arriba, de banco, en el que se ubica el sagrario de plata, flanqueado por las tallas de San Pedro y San Pablo. Luego tiene un cuerpo, decorado por dos columnas salomónicas de cinco espiras, que apean sobre querubines. Sus capiteles son de orden compuesto. Tiene un camarín, que alberga la imagen titular, la Virgen de las Nieves. Ese espacio se cubre con cúpula gallonada de media naranja, apoyada sobre pechinas.


En el ático, sobre el frontón roto, hay una hornacina, prevista inicialmente para el manifestador del Santísimo en los días festivos, como consta en el contrato. En la actualidad alberga una pequeña imagen de candelero de San Emigdio (s. IV), obispo y mártir, natural de Ascoli Piceno (Italia), abogado de la peste y protector de los terremotos. Complementa la decoración escultórica de este retablo, en los laterales, las tallas estofadas y policromadas de la Fe y de la Esperanza sobre repisas.


En cuanto a a imagen de la Virgen de las Nieves que preside el retablo mayor no es la primitiva. La iconografía más antigua que se conoce de ella data de 1665. Figura en un grabado, realizado por Matías de Arteaga, que se halla en la primera página del libro de Fernando de la Torre Farfán. La Virgen luce un ampuloso traje, al parecer con miriñaque o guardainfante. A sus pies hay diez querubines y dos ángeles-niños que hacen de atlantes. Entre ellos se aprecia el perfil cónico del monte nevado. En esta iconografía el Niño mira a su Madre. La imagen era entonces de talla completa. Debía datar, al menos, del siglo XVI, y conservaba dos pares de manos, a causa de reformas experimentadas, tal vez, con ocasión del reestreno del templo.


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